24 de marzo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

El hecho de votar una ley que derive al bolsillo de los consumidores el costo de infraestructura de servicios es el modo de blanquear una situación a la que los mismos propulsores de la iniciativa han llevado: la carencia de inversiones por parte de los grupos concesionarios.

A esto se sintetiza la imaginativa «política energética» que lleva a cabo este gobierno. Después de apostrofar a los grupos empresarios involucrados y tenerlos cautivos en burlescas «negociaciones» que nunca terminan por definirse, el hilo se vuelve a cortar por lo más primitivo de los recursos: que los clientes de servicios deben contener las obras para que tales servicios resulten básicamente eficientes. La realidad indica que la ciudadanía no se preocupa en absoluto de estas medidas, solamente incentivada por los gobernantes para cargar culpas sobre objetivos prefijados y mediáticamente desgastados ante la opinión pública. Y los «representantes del pueblo» en el Congreso interpretan que la población está encantada con aportar para financiar tales obras. Y si no lo piensan así, simplemente se subordinan a lo que se les indique desde arriba.

Por la voluntad de un solo personaje pasará el poder para aplicar cargos extras en las facturas, otro avance en el pro del «dirigismo» de la más pura estirpe.

 

En día de feriado bursátil, acaso lo mencionado antes no juegue ningún papel para lo que ha venido haciendo la plaza en la semana, ni en lo que haga en la siguiente.

El ambiente parece no mostrar preocupación por cuestiones que lo abordan directamente en sus efectos, mucho menos en aquello que -de última- «es un asunto de los consumidores». Pero también resultará un tema que puede poseer fuerte incidencia en los costos de electricidad y gas: para todas las compañías cotizantes. Si ni siquiera dejarán afuera al grueso de los clientes domiciliarios, lo que les caiga en la cabeza a las empresas -grandes consumidoras- resulta un efecto mediato que bien se haría en ir mensurando, desde que está la norma en vigencia. Esto es hoy, otras situaciones fueron ayer, en una cadena de movimientos que han incidido sobre los costos sobremanera, en este último año. Y eso tiene directa relación con futuras utilidades, márgenes de beneficios, lo que constituye la «sangre» de un balance.


Una Bolsa, sus tendencias, está abierta y sensible a casi todas las novedades de un país, no solamente a las de orden financiero, o bursátil. El diseño de conducción que cada vez cobra más cuerpo no es proclive a un desarrollo fértil de un mercado de riesgo. Si bien casi todos los estamentos del país parecen querer acomodarse «a lo que hay»: a la larga, se paga.

Dejá tu comentario

Te puede interesar