Que existan sociedades cotizando en la Bolsa local y como «acciones ordinarias», viniendo a tomar del ahorro nacional para la compra de sus títulos y que no sean obligadas a presentar sus balances en pesos argentinos debería ser motivo de escándalo. O, al menos, de alguna onda de disconformidad desde adentro y fuera del ambiente bursátil. Y más que porque todos se tomen el trabajo de convertir de la moneda que llegan, euros o dólares, y se logre igualmente interpretarlos, porque se trata de una falta de consideración, para con el mercado donde han venido a cotizar. Y tal falta les es permitida por quienes deben velar por el inversor minoritario y ejercer el «poder de policía» (tal lo marcan sus funciones originales) salvaguardando la pureza, veracidad y transparencia, de lo que arriba como información al inversor.
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La desesperación por incorporar nuevos papeles a la cotización ha desarrollado un complejo tal de inferioridad en nuestro sistema, que se aceptan formas inaceptables para cualquier Bolsa que se precie. Y hoy se cede en cuestiones de forma, más tarde en temas de fondo, hasta que todo va quedando a gusto y placer de los que deben integrar el sistema pero nunca conducirlo, o imponerle sus propios deseos.
Si hiciéramos un recuento de modalidades que no pertenecieron nunca a nuestras normas operativas, pero que consiguieron ser incorporadas a través de conducciones laxas de nuestros organismos de control -ejemplo: la recompra de las propias acciones, con dinero de las mismas sociedadesy que se prestan a desvíos o, al menos, de «mala praxis» en su utilización, se puede hacer un largo listado de un par de décadas a esta parte (mucho más, de los 90 hacia aquí).
La realidad indica que a los que más debiera interesar controlar a los que controlan les importa un rábano formalizar alguna protesta, en tanto la tendencia del mercado resulte más o menos favorable. Y en épocas muy malas, la preocupación pasa por cómo salir del atolladero de las pérdidas. Con lo cual, nos convertimos en un tipo de sistema esponjoso y permisible, al que simplemente le inoculan los temas diciendo que es «como lo hacen en el mundo desarrollado...». En general, siempre nos quedamos con lo que no aporta -sino que resta- y eludimos tomar lo que sí se utiliza desde el punto de vista de penalizaciones y controles, en los principales mercados. Preferimos un mercado que posea la dimensión que se merezca, aunque sea de segundo o tercer nivel, pero con imagen de primera. (Punto sobre el que pocos estarán de acuerdo.)
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