Los árboles no crecen hasta el cielo... bueno, pero tampoco las raíces llegan al infierno. Lo primero es que la nave se pueda estabilizar, aunque por lo que se ha visto, esto es un oleaje en remolino y donde intervienen tantos factores, externos y locales, que ya no resulta el estallido de una clásica «burbuja» y que termina por implotar, debido a una situación de exuberancia que quiebra cualquier elasticidad de la tendencia. Primero, porque no hay «burbujas» en la generalidad de los mercados actuales, aunque se habían podido anotar ganancias de muy buen nivel en el primer cuatrimestre; ejemplo: nuestro Merval.
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Todavía la estela de Greenspan ha dejado una zona de turbulencias, que el nuevo personaje no alcanza a diluir. Como que existe una estrategia distinta, sobre la que se tienden muchas dudas y se terminó el cuento del aumento de tasas «descontado». Los operadores ven que la escalada de aumentos prosigue y que la aspiradora de capitales va cambiando de marcha. Esto vino a refrescar conceptos, también, mostrando una clásica debilidad de las economías menores, a las que les restan las «fichas» cuando corre alguna onda de temores. Por momentos, y en medio de ciertos triunfos pasajeros, algunos están dispuestos a creerse que ahora esto ha cambiado. Y que estando con economías, o reservas, en buenas condiciones y crecimientos regionales, los efectos pueden resultar inocuos para nosotros. Las serias caídas de las Bolsas de estos lares han resultado una bofetada para que se tome contacto con la realidad, que no cambia.
En nuestra plaza resurgió el «principio Tenaris», el que se puso en práctica en meses atrás con su efecto positivo. Y al que se debió soportar en su otra cara. El martes retornó tal principio, a favor, siendo la gran columna de un Merval con 1,7%. Mientras el índice «M.AR», sin Tenaris, apenas si mejoraba 0,2%. Con más de 600.000 papeles, en suba mayor que 5% en precios, resultó un modo de intentar torcer el rumbo y cuando ya se está tan cerca del fin de mes que, como se venía, resultaría mortífero para los que tienen que mostrar rendimientos de carteras institucionales. De ese modo, también se recuperó el terreno de los 1.600 puntos, que se había perdido sin luchar siquiera y colocaba la cuestión en un estado más delicado. Fueron comienzos de querer encontrar un punto de apoyo y detener esas raíces, que se seguían hundiendo. Por supuesto que esto no quita el riesgo a una recaída, ni tampoco disipa dudas y turbulencias. Falta devolver orden a la plaza y que la oferta se dé por satisfecha. Y no es tan fácil.
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