El economista Mario Blejer, al afirmar que en el mundo no existe un riesgo de colapso financiero, agregó: «Es sólo una corrección...». Y le tenemos terrible miedo a esa palabra, que ha dejado huellas profundas en carreras de afamados economistas y en la propia historia de las grandes crisis. Pero, a continuación, deslizó una cobertura al concepto: «Salvo que se genere un conflicto geopolítico en Irán, Nigeria o en Venezuela...». Dio demasiado justo en el clavo Mario Blejer, porque durante el fin de semana llegaba una noticia que unía a dos de esos países -enfrentados ferozmente a Estados Unidos- y anunciando que: «Irán va a invertir 9.000 millones de petrodólares en Venezuela...». Y tanto Blejer como nosotros y suponemos que toda persona que haya caído en cuenta de la novedad tan pesada debemos estar más preocupados que antes. Y esperando que el conflicto al que se refiere el economista no resulte como un peligro que estalle a corto plazo. Al eje pretendido por Castro/Chávez en la región, si se le incorpora ahora Irán como para afirmar esa estaca clavada en el riñón de Estados Unidos, le va subiendo la graduación. Casi como queriendo que, efectivamente, desde el Norte giren la mira y el conflicto pase a males mayores. No son acaso cuestiones que importan a muchos operadores comunes, porque no poseen condimento directo en lo financiero y, menos, en lo bursátil. Pero, inevitablemente, termina por tener que ser finamente evaluado -mucho más profundo que estas simples reuniones de piezas sueltas-, ya que se puede propagar a la economía, a lo financiero... y a lo bursátil.
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Observemos, repasando, que Blejer no duda de que esto que sucede sea sólo una «corrección» en el escenario global. Pero el peligro que, dice, podría derrotar al calificativo que transmite tranquilidad es que aparezca un conflicto geopolítico entre los tres países mencionados. De inmediato, esa noticia que habla de dos de ellos haciendo una suerte de causa común -sabemos contra quién- y en lo que puede hacer subir la tensión actual.
Los descensos de los mercados encontraron un primer culpable en la política que lleva ahora la Fed, como si ello resultara todo el mal que afectó a los índices. Quienes se queden nada más que con esa hipótesis pueden caer en una trampa mayor: porque la suba de la tasa sería solamente un dolor de superficie comparado con lo que pudiera desatarse detrás.
Y el mundo no está avanzando a una distensión de conflictos; todo lo contrario. Por eso hay que recurrir, siendo hombres de Bolsas, a las leyes más conservadoras del riesgo. Si empalmamos con la columna de ayer, no conviene ninguna «patriada» hasta que se puede detectar tendencia normalizada y los imprescindibles «pisos firmes» de los índices. Se ha visto, en pocas semanas, que todo nivel es perforable. Y, por ahora, puede que siga así.