Leer que «por los misiles de Corea caen los mercados», en tapa de Ambito Financiero del jueves -y en tapas del mundo- es haber visto una metáfora convertida en realidad. Sería como hablar durante siglos, en las Bolsas, de las llamadas «burbujas» y alguna vez encontrar que un recinto se haya llenado de pompas de jabón, por algún descuido. Si algo le faltaba al mundo bursátil de estos meses como fuerza de agresión para su tendencia, solamente cabía imaginar que hubiera sido impactado por un misil. Y ahora lo fue. Unos días antes, en lo que resultó toda una exquisitez, la aparición de Turquía (país tan poco frecuente en presentar incidencias sobre los mercados) y su problemática había suplantado a la recurrente Fed. Después de los misiles, que traen cola, la alacena se agrandó con el controvertido tema de las elecciones en México (con el opositor pidiendo hasta una movilización popular) y con otra de las peligrosas ocurrencias del nuevo personaje del Mercosur: Chávez, proponiendo crear un ejército conjunto con los demás países integrantes. Y si se siguiera el rastro, en cada vez que el titular de Venezuela abre su cofre y le asume más bonos de deuda a la Argentina, podría hallarse que -de inmediato- incorpora una nueva sugerencia para que se la apoyen. Kirchner comenzó a devolver algo, proclamando el excelente clima democrático que dijo ver en aquel país. Y los lazos parecen estrecharse más y más... a medida que Venezuela se convierte en nuestro más generoso acreedor. Más y más. Y habría que preguntarse, ya que el Congreso está en el centro de la escena discutiendo poderes, si corresponde que sólo por el deseo del gobierno de turno puede la Nación quedar tan atada a un país acreedor. Y si resulta esto más aconsejable que tener otro tipo de prestamistas, como los organismos internacionales. En definitiva, si lo que ahora se toma como una cálida generosidad de Chávez no resultará sumamente riesgoso a futuro. Sólo el haber lanzado la propuesta acerca del ejército común ya evidencia hasta dónde quiere llegar el locuaz venezolano.
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Bueno, pero es que todo se fue haciendo una madeja cada vez más densa y apretada, donde se asemeja a la vidriera de los «cambalaches»: desde misiles que pasan rozando hasta delirantes con petróleo, pasando por turcos que meten miedo, y una Fed agazapada. Sólo falta «una Biblia junto al calefón» como para resultar vidriera que confunda y hasta enloquezca inversores, que donde ven un tregua enseguida tienen que asumir otro entuerto económico, bélico o financiero.
El segundo semestre no asoma como disipando niebla del primero; más bien muestra nuevos peligros en el escenario y que no estaban antes. Y los de antes no fueron extinguidos, se quedan sólo por detrás, en un frente agresor que promete hostilidad continuada.
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