16 de enero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Solamente con que se dispusiera volver a realizar los «ajustes por inflación» en los balances de las empresas podría evitarse la carrada de subsidios que se va implementando, para proseguir negando lo que salta a la vista: una inflación que quiere cobrar otro ritmo. Ahora, siguiendo con las «engañifas» de los que gustan falsear los principios de mercado, entramos a pleno en el tipo de «inflación maquillada». Quitar con una mano a un sector -al que, de paso, lo esperaron para pasarle la factura del paro-para redistribuirlo en los que poseen fuerte predicamento en el índice (alimentos). En realidad, las arcas oficiales no ponen nada: se lo quitan al agro por una parte. Y lo completan con incorrectos sobres fiscales, sobre ganancias virtuales de todas las sociedades. Es curioso el grado imaginativo de los funcionarios, por seguir aplicando mecanismos que se deglutan beneficios de unos y se confisquen ganancias de otros. Y cuando se habla de la presión impositiva que se ejerce en nuestro medio, correspondería agregarle la que cubre la porción inflacionaria de cada ejercicio que no se deja computar.

Además, el subsidio que va tomando presencia muestra otra evidencia, que hace verdad el principio artero de: «Divide y reinarás». Observamos de qué modo los beneficiados aplauden el instrumento, importándoles nada que se lo están quitando al agro. Mientras les toque a otros la tarea de recibir la estocada, a los demás les importa un cuerno. Hasta que un buen día les toque a ellos mismos. Una muy estudiada forma de poner a unos enfrentados con el resto, amparándose en cierta premisa social. Hace pocos días, frente a la sorpresa que dio Chávez, se salió oficialmente a aclarar que: «Somos un país capitalista». En una versión libre, muy adaptada a toda necesidad política: en definitiva, Chávez con maquillajes. El gobierno decidiendo cuánto se gana, quiénes lo harán, a quiénes se les quita, a los que se les da, un dirigismo lanzado plenamente a avasallar.  


Habrá que ir variando los sistemas evaluatorios en el circuito bursátil, estimar también -además de los ratios habituales- cómo queda posicionado el sector y la empresa, respecto de la mira oficial. Si será beneficiario o víctima actual, o próxima, cómo hará -si no entra en los subsidios- para poder asimilar lo inflacionario en sus costos. Y qué podría ocurrirle si debe comenzar a retocar los precios de sus productos. Habrá así acciones de primera y de segunda, con variantes a favor y en contra, en un ejercicio que ya desde enero nos muestra lo complicado que habrá de ser. Y con todo lo que se va gestando por los objetivos electorales. Todo tiende a reafirmar que será un trámite turbulento.

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