9 de marzo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Recesión sí, recesión no. Bernanke vs. Greenspan. Por fuera de ellos, todos los analistas y economistas que se quieren sumar a la controversia. En una tercera oleada, los simples comentaristas, periodistas, periodistas de lo bursátil y financiero -como nosotrosagregando leña al fuego de una caldera que amenaza con su presión. Que el juego del repunte y la recaída iba a estar de rigurosa actualidad, no puede extrañar a casi nadie. Porque es la respuesta clásica, histórica, a cuando un esquema sobre el que se trabajaba -e inflaban burbujas-recibe un pinchazo. Todo vuela, todo flota, se van al diablo los precios relativos de las especies. En fin, es lo único que no debiera extrañar...

Greenspan ha pretendido, después de la supuesta filtración de sus opiniones en una conferencia paga, traducir sus presunciones en porcentuales. Y ese 33% de posibilidad recesiva que hay -según él- para la economía norteamericana, en el corto plazo, terminó por hacer más indigesto el pastel. Porque los aromas sobre que «algo» se puede estar cocinando, han llegado a perforar las clases bajas de todo esto: las que componen los inversores de todo calibre, y en el mundo, lo que construye el peor de los males.

Es tan amplia la gama de réplicas, ecos y carambolas, sobre todo tipo de activo transable -no sólo acciones o bonos-que trazar una secuencia y efectos sobre todo el escenario posible, resulta a pura predicción e instinto. Que China se desacelere por propia decisión y que los Estados Unidos tengan perfiles de un receso, son los dos grandes enemigos que evalúan en los mercados. Porque casi todo lo siguiente se va enhebrando como un «efecto dominó». Y en esto, seamos modestos: desde aquí no podemos llegar a entender muchos giros de la economía y medidas locales, cómo se hace para poder tragar semejante evaluación acerca de las principales economías del mundo. Que se lo intente, que se escriban artículos y análisis para dar lugar a la noticia que atrae el interés general en los medios, seguramente que es inevitable. No podemos tener ni idea sobre los miles de millones de dólares, euros, yenes, que en estos momentos se están cocinando en la caldera. Y ni qué hablar de los productos «derivados», con toda la enorme sobrecarga que generan sobre los contados.  


Sufrir y esperar. Salirse y vigilar. Parecen ser las dos cartas que pueden jugarse, según se crea que vendrán los próximos meses. Esto está plagado de «variables ingobernables», aquellas en las que no se posee ninguna capacidad para modificarlas. El inversor avezado siempre trata de jugar con ventaja, ahora tal ventaja no existe y la prudencia es lo que debe privilegiarse. Como diría Fidel Pintos: «hoy comemos faisán y mañana las plumas».

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