Hemos visto los resultados de junio en los mercados; allí comprobamos que lo nuestro prosigue en su posición desagradable, de cerrar la competencia y muy lejos de los otros. Pero también se continúan sumando novedades de tono pesado acerca de la mezcla de negocios y política en nuestro medio, donde en el fin de semana se daba cuenta en un titular de tapa -de «Clarín»- que ahora se investigan relaciones indeseadas, por las llamadas «facturas truchas» de estos años, y donde aparece involucrado hasta el mismo Congreso de la Nación. Que viene a resultar como la médula del hueso de un país, en novedad que se superpuso a la insólita sanción provincial sobre jubilaciones de «representantes del pueblo» y la procura de privilegios que son casi imposibles de imaginar salvo en las afiebradas mentes de quienes la armaron y, posteriormente, la votaron.
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El lector nos podrá increpar, en este punto, diciendo que nos metemos en cuestiones que no son bursátiles. Pero es también por esta vía por donde se puede entender que estemos en el confín del mundo en lo que respecta a inversiones que lleguen a nuestra plaza. En una palabra, los enunciados antedichos tienen mucho más que ver con la ubicación y situación de los activos bursátiles locales que lo que muchos están dispuestos a creer.
Sabido es que el capital local no aporta lo necesario al mercado de riesgo; imaginemos al foráneo que desea colocar unos dineros en otros países y se encuentra con permanentes noticias sobre la Argentina donde lo único que sobresale es la actitud oscura de sus funcionarios, que tanto generan una inflación falseada a la vista de todos como ven aparecer en superficie licitaciones de obras públicas con tintes claramente corruptos y que no se terminan de focalizar sino que se expanden en cada nueva investigación que se realice. Con gobernantes que están dispuestos a diluirlo, como a cubrirlo todo, y sin efectuar ningún tipo de saneamiento a fondo.
Lo del ex gobernador de Santa Cruz devenido adversario del poder resulta ciertamente patético y en relación con esos contratos petroleros extendidos. El caso de YPF y donde se forma un embudo que tanto puede culminar en empresarios amigos del poder, o de la participación de ENARSA -como sugirió Lavagna- que resulta el poder en sí mismo: son cosas impresentables.
Todo eso hace a la imagen de un país, que puede pavonearse en otros aspectos -como al hablar de su nivel de reservas- pero que brinda toda la sensación de resultar sumamente dudoso en sus conductas. La pregunta es sencilla: si usted fuera inversor con capital disponible para entrar en un mercado de riesgo, ¿elegiría algo parecido a la Argentina y su Bolsa?
No solamente ratios intrínsecos, atrasos en sus precios, o relaciones favorables con lo que se utiliza para medir inversión son los que promueven la actitud de compra: hay un contexto y huele mal.
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