Pedro Troglio, técnico de fútbol y que debe asumir dos derrotas consecutivas, declaró: «Cuando estaba en Gimnasia perdí dos partidos seguidos y después gané ocho consecutivos...» El lector dirá, el columnista bursátil tiene un mercado tan aburrido que ahora se dedica al deporte, idea que bien podría ser posible tal como están las cosas, pero no. Decidimos introducirnos en este jardín, porque -sin saber de dónde vino-al leer ese comentario, se nos superpuso la imagen de mucho inversor bursátil que hemos conocido.
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Afines a tal modo de razonar, como el de Troglio, que en realidad -nos parece-es un modo de extraer optimismo del pasado cuando el presente ofrece una realidad amarga. (Lindo tema para que lo trate en profundidad, y con basamento, algún profesional de la psicología.) Solamente nos podemos mover en la periferia del asunto, trazando un paralelo entre dos actividades tan distantes que se unen en lo que hace a rebuscar en la mente períodos triunfales que partieron de un principio adverso: intentando que el pasado se repita. O más allá todavía, haciendo de ello casi una fórmula de éxito. Lo que no resiste un análisis racional para darla por válida, pero que parece ser útil a quienes la utilizan para superar un mal trance. Puede que a Troglio le dure sólo unos días, si su equipo cae nuevamente. Pero si gana, le dará más fuerza todavía para encarar los siguientes pasos.
La necesidad de que el pasado bueno se repita, saliendo de un inicio muy malo, se prueba a diario en el ambiente de un mercado que acumula pérdidas y ruedas negativas. Pero donde se escarba en la mente, en lo vivido antes, para hallar un modelo parecido y postular: «Con esta acción otra vez empecé perdiendo y después me cansé de ganar plata». O bien, en tal año la Bolsa venía bajando así y después no la paró nadie...».
No sabemos de la cantidad de cábalas diversas que se emplean en lo bursátil, cercanas a las decenas que utilizan técnicos y jugadores -también hinchas-con el fútbol.
Seguro que hacer los « cuernitos» -tipo Merlo-no evitará que al equipo le hagan goles, como tampoco servirá para que la acción de uno deje de bajar si la llenan de ventas. Lo que puede rescatarse de todo esto es que resultan de ayuda para que el interesado y practicante de ello, atraviese el mal momento sin entregarse. Y ya con tal condición: presta un buen servicio.
Troglio sabe que no es necesario perder dos partidos para después estar seguro de poder ganar ocho. Que tal secuencia no pasa de ser una simple curiosidad estadística y casi seguramente, irrepetible. Y el inversor también sabe que no es saludable comprar y perder de entrada, para que después «se llene de plata». Porque es posible que se siga bajando y que lo mejor es reconocer el error y variar. Forzar la historia, buscando la coincidencia buena, es un acto de fe.
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