7 de septiembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Cada vez se deforma más la imagen en este mundo de los mercados que se ufanan de ser muy modernos, perdiendo de vista lo esencial: que el sistema bursátil, una formidable creación que se fue moldeando progresivamente y a través de siglos de sistemas antecesores, tiene su razón de ser en beneficio de las economías. En pro de alimentar de capital a las sociedades anónimas -otra estupenda creación, integrada plenamente a la Bolsa-y de resultar reflejo de valles y bonanzas, de los procesos políticos y económicos. Hoy, en cambio, vemos que estos operadores de la industria de la inversión se mueven con total desparpajo pretendiendo salvar sus equivocaciones, con cargo a la sociedad en general.

Viene a cuento, porque junto con lo sucedido durante la rueda del miércoles -con un Dow Jones en baja-arribaron declaraciones adicionales, referidas a ciertos indicadores que se dieran a conocer sobre la economía norteamericana. Dos informes, sobre la creación de empleos en el sector privado y sobre el número de despidos de agosto se ubicaron «debajo de lo esperado». Medidores directos sobre la que llaman «economía real», secuela del gran desaguisado que el sector bancario de aquel país forjó sobre lo financiero.

Pues, ante esto, un llamado «estratega» -de Morgan Stanley, en Nueva York-despachó lo siguiente: «Necesitamos ver más debilidad en el frente del empleo, para convencer a la Fed de que puede bajar las tasas...».

Si esta gente pudiera ver que se incremente la ola de suicidios en Estados Unidos, adjudicándolos a los problemas del dinero, seguramente que lo festejarían con bombos y platillos.   

  • Lo que tantas veces se había podido intuir, por eso lo anotamos oportunamente, ahora quedó en superficie y de modo desvergonzado. Se está pretendiendo otra financiación de una fiesta que terminó mal, para poder girar con dinero barato y rearmar el esquema. El deseo de que la economía se deprima mucho más, que surjan indicadores cada vez peores, en la medida que colaboran para que la Reserva Federal abdique de sus posiciones es la única finalidad que persiguen los «hacedores de mercado», con tal de que puedan obtener el botín. La «securitización», ese invento financiero por medio del cual las herramientas bancarias se asimilan a lo bursátil, transformaron créditos sobre hipotecas -de mala calidad-en bonos que se colocaron en el sistema bursátil: en vez de un banco corriendo el riesgo, y un deudor de un crédito otorgado, ahora aparece un inversor en el medio, que se queda con el «bonobasura» mal respaldado. La respuesta del otro lado es que los que están en lo bursátil suspiran por más desgracias: con tal de que Bernanke les retoque las tasas. Todo un cuadro de horror. Y de vergüenza.
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