28 de enero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Justo cuando nos preguntábamos: ¿en manos de quiénes están las finanzas y la economía mundial?, al día siguiente nos llegó una primera respuesta. Un solo operador infiel llegó a estafar por 7.500 millones de dólares a un banco del prestigio de Société Générale». Así empezó a rodar por los medios la novedad, dándole un tratamiento casi de «nota de color». Y es probable que lo sea para el común de los lectores, que también se entretuvieron recorriendo una especie de ranking de grandes estafas y dentro del mismo esquema. Este sujeto, no importa el nombre en realidad, se ha consagrado en el listado y ha batido el récord anterior (que venía de 2008, contra el fondo Amararath y con u$s 6.000 millones), dejando muy atrás al que había resultado el caso más resonante, con el famoso Nick Leeson. Del que se puede dar el nombre, porque escribió un libro sobre la operativa que quebró a la Baring, en 1995, y alcanzó grandes tiradas en el mundo.

El ojo de la opinión pública y de los medios enfoca casi solamente al que cometió el desvío, pero: ¿y toda la directiva de la entidad? ¿Y los auditores? Una imagen de terror deja el caso, porque posiblemente estén varios otros en plena realización y -al estar bien encubiertos- permanecen en la sombra. No solamente que parece no haberse aprendido nada desde el caso de Nick Leeson, sino que ahora los desfalcos son varias veces superiores y se han potenciado a través de los años. Si entidades de alto prestigio y longevidad en plaza son vulnerables de esa forma, da miedo pensar en cientos de otras que -se supone- poseen todavía menos controles eficaces.

  • También hubo otras respuestas a la pregunta original, en este caso por parte de compañías aseguradoras, que respaldaron los negocios con las hipotecas y los bonos, y ahora manifiestan que si deben responder, estarían quebradas de hecho. ¿Aseguradoras de bonos? y meterse en lo que no es el «riesgo soberano», sino en actuaciones de los audaces privados que montan estos espectáculos. Buscar la rentabilidad a cualquier precio, sin tener en cuenta la ley de oro de bancos y seguros, que es la de medir bien el grado de riesgo, ha hecho explotar las finanzas y los mercados desde 2007. Pero lo único que está a la vista son gobernantes tratando de sacarlos del pantano, casi regalándoles recursos. No hemos visto que se hable de severas penalidades, ni de acusaciones a fondo por el desastre. Y tampoco que se alcen voces pidiendo analizar, repasar, los instrumentos que se utilizan desde bancos-derivados, e involucrando a lo bursátil. Es hora de volver a los banqueros a su función austera y segura, y a los ingeniosos, que cada vez lanzan más juguetes al mercado, ponerlos en caja. Porque el mundo, tiembla.
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