15 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya se hizo evidente que el mercado de Buenos Aires ha venido perdiendo fuerza de negocios. Lo que primero pareció resultar la estrategia clásica, adecuada, empleándose cuando en la tendencia se asiste a períodos complicados y bajistas, poco después se advirtió que pasaba a ser una efectiva baja del ritmo de negocios. Porque al aparecer ciertos repuntes, mejoras importadas desde un Dow que se vio menos estrujado, los precios quisieron seguir los rebotes ajenos, pero se encontraron con la falta de suministros necesarios, para poder ensayar cursos más notorios en tales repuntes. Lo que venía resultando habitualidad de volumen en los tres dígitos, desde febrero se ha convertido otra vez en una «figurita difícil» y que no se presenta ya en las recaudaciones del Merval.

Todavía calientes las ruedas de más de cien millones, o el promedio de enero en los $ 92 millones por rueda, es temprano para asegurar que aquello se ha perdido. Pero, del mismo modo que pinta la figura recesiva en la economía del Norte, también esto muestra un perfil indeseado de retornar a la zona del mercado contraído. ¿Detención del flujo que venía? ¿Desarmadero de carteras domésticas, que ya no han vuelto? ¿Castigo por todo lo que les siguen haciendo a los «bonistas» y que nos está colocando en la lista negra? Acaso, una simple zona estacional de atravesar un «valle» de órdenes que nos afecte por algún tiempo corto. Pero, se ha sentido ya esa faltante de demanda importante, que no permitió a los precios poder captar lo que otros hicieron en días pasados.


Yendo a lo sofisticado, también puede imaginarse un conjunto de operadores muy razonables y que esperan por una realidad de cambios y no solamente los repuntes del exterior que después se desvanecen, como ha pasado. Cierto es que lo están inyectando al Dow Jones con todo tipo de vitaminas extras, con tal de que no siga mostrando la fea cara de una recesión cercana. Pero, todo lo ensayado ha venido durando muy poco y alcanzando a los festejos de un día, o poco más, pero volviendo a decaer en cuanto una señal de la economía aparezca con un ojo morado. La única evidencia, más allá de razones para adjudicarle, es que descendió en gran forma el cuerpo de negocios de nuestro ámbito.

Ya de aquella zona de «acumulación» no quedan ni los rastros, desbaratada -si existió- por los males graves que se vinieron soportando. De ésos que, con su calibre, terminan por desanimar hasta a los más optimistas.

Reciclada antes, o salida del circuito de acciones, la gran suma que se liberó de la partida de Acindar no ha aportado a sostener otras plazas, por lo que se efectuó una resta, a diario, de lo que movía la siderúrgica. Habrá que esperar y ver. Pero, sin volumen razonable no hay mercado.

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