17 de abril 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Más novedades aumentan el espanto acerca de cómo estaba conformada la plataforma financiera global, que tantos miles de millones llegó a gobernar. Y tantos miles acaba de aniquilar en estos meses. Declaraciones del presidente del Banco de Italia y del FEF (el Foro de Estabilización Financiera) dejaron en claro que «hace ocho o nueve meses no existía el menor acuerdo -entre los que forman el G-7- sobre la necesidad de tomar medidas para mejorar el sistema financiero...». He ahí una confesión de las más crudas y desconcertantes, que tomaron rumbo a la superficie y a la opinión pública: saber que tal foro, donde se reúnen los bancos centrales de mayor poderío y capacidad de maniobra, desoía toda recomendación de ajustarles las tuercas a los bancos, y de aumentar las medidas de controles y de limitaciones a sus negocios. Ahora, con suma prisa, el FSF les volvió a presentar una serie de «recomendaciones» -con carácter de emergencia- que fueron aprobadas por los ministros del G-7 y con compromiso de hacerlas efectivas de inmediato. El señor Draghi, el titular del Banco de Italia, culminó diciendo que «es el primer paso en la respuesta de regulación a la crisis». Todos los inversores y ciudadanos del mundo que han quedado chamuscados, o inmolados en el incendio, podrían decir: «¿Sabe qué, señor Draghi? Ya es tarde...». Y esto que usted manifestó dejó claramente expuesto que, más allá de banqueros irresponsables, o de operadores codiciosos, los propios gobiernos que debían resguardar la sanidad del sistema financiero global son los principales implicados en el desastre que se desató.  

Pero, por otra parte, y a falta de un reconocimiento explícito a la responsabilidad que les cabe (idea utópica en estos tiempos de ética y valores arrasados), enviaron al devaluado Fondo Monetario a propugnar un salvataje para los bancos, pretendiendo que con ello se estaría salvando a los inocentes.

Los que manejan el capital -de por sí mercenario- no se hacen tantos problemas: si unos activos se han prendido fuego, acuden a otros donde se pueda seguir jugando hasta que también estallen en algún punto. Granos, petróleo, metales, lo que pueda tener un mercado y una cotización, y se puedan instrumentar estrategias de «futuros», resultan objetivos. Estamos en medio de la telaraña inmensa que se tejió a partir de la eclosión en Estados Unidos y que desorganizó una maquinaria financiera mundial que, con la anuencia y falta de debidos controles de los gobiernos, tiene a todos los países en vilo.

Pensar que ya muchos comparen esto con lo de 1929 espanta mucho más. Impone de que no se aprendió nada y que toda historia nefasta se repite.

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