Cupones bursátiles

Economía

No había manera para que el señor Cobos pudiera evitar lo que se le presentó como una ironía del destino. Votara de un modo o del contrario, debía cargar con los dos papeles principales de la película legislativa: héroe y villano, al unísono. Solamente quedaba por efectuar un ejercicio de «costo/beneficio», en su visión, para después decidir el voto que crearía la mar de comentarios, desde ambas fuerzas en pugna. Y visto lo inmediato posterior, el hombre parece haber acertado, al decidir que sería héroe para el agro y villano para el gobierno.

Mientras la ya insufrible oleada de discursos se iba desenvolviendo (mientras las cámaras revelaban que a casi nadie de las bancas le importa qué es lo que está argumentando el que habla), los mercados velaban los indicadores del día siguiente. Al desarrollarse la primera rueda, se pudo notar que se descomprimían ciertas presiones. Y que una brisa de mejora recorría las variables, hasta llegar a las acciones. El efecto Cobos se hizo sentir de modo disperso, mucho más focalizado en precios que en volumen. Y con indicadores partidos al medio, donde la repercusión favorable hacía dar un salto a la lista que incluye sólo a las de sede local. Mientras al Merval mayor le jugaban de ancla las ligadas al petróleo, que justo en la semana se le dio por empezar a resbalar de mala forma.


Las ruedas que cerraban el período se dieron de perfil muy similar y con el mismo acento. Por lo que una conclusión de lo obtenido debe hacer hincapié en un encalmarse notorio de la oferta -salvo en las petroleras- antes que una avanzada firme y arrolladora de demanda.

Los negocios se mantuvieron en la mediocridad en que se venía, pero solamente con una de las fuerzas llamándose a sosiego: se consiguió un terceto de ruedas que forjaron la imagen de Bolsa en repunte sólido. Acaso con exageración, por esa dualidad evidente de una demanda que no abandonó su posición de cautela y pasos medidos.

Los del campo, previo a la votación, ya se cubrían diciendo: «esto no se termina aquí»... por si resultaban perdidosos. La Bolsa, sus protagonistas, también parecieron formalizar el mismo interrogante, ante un resultado a la inversa de lo que se había imaginado el campo. ¿Esto se termina aquí, simplemente? Y hubo un hecho posterior, que dio razón a la cautela observada. Porque los considerandos que se dieron a conocer, para rematar en la derogación del polémico proyecto, no mostraron el rostro de «un buen perdedor». Más bien, lo contrario. Tema para preocupar y para que todo inversor no abandone su posición de máxima seguridad. Ni se deja llevar por primeros efluvios triunfales. Esperar y ver.

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