3 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Muy desprolijo todo lo sucedido en julio, típico de los mercados cuando se hallan totalmente «desarmados». Y es una de las facetas peores -sino la peor- que debe atravesar un inversor bursátil. Cuando todo se desarma por alguna razón puntual, que puede durar unos días, unas semanas quizás, eso es una cuestión. Velozmente se cauterizan heridas, vuelven a funcionar las variables vitales y un mercado tiende a recomponer su disciplina operativa. Pero como viene sucediendo ahora, donde todo se fue empezando a desarmar -en el mundo- a partir del desastre hipotecario en los Estados Unidos, son muchos meses de estar bajo tales condiciones, hasta que se puede ver a mitades de 2008 que ni existen «referentes» en pie para poder seguir con alguna seguridad. Y tampoco aparecieron las señales de que aquello que se ha salido de su ruta esté en vías de poder volverse. Al contrario, el pasado julio y sus terribles saldos en mercados como los del Mercosur, y la forma en que se conformaron los desarrollos del mes, nos informan de un principio ya corporizado de «anarquía» de límites. En muchas ruedas se ha dado el caso de sentir que «cualquier cosa» podría llegar a suceder. Aquí y en el exterior.

Y resulta que «cualquier cosa» no implica dirección, tendencia, un camino por delante, sino algo así como estar flotando en un recinto sin gravedad, sin poder encontrar la fórmula que lo haga sujetar al inversor a cierto piso confiable.

En páginas anteriores, el lector puede hallar el clásico cuadro que brindarnos sobre Balance del Mercado, donde están reflejadas -una por una- las ruedas del mes, las cifras del Merval, las diferencias porcentuales, el volumen realizado. También se lleva el Indice General de la Bolsa, como el BURCAP, y si se sigue el desempeño de las semanas se puede advertir lo muy sinuoso -por ejemplo- de los negocios en efectivo de una rueda a la otra, o a dos días. Impresiona la baja mensual de 9% en la cartera clásica, pero más todavía la del índice de la Bolsa, que se deslizó en más de 12%. También el del BURCAP, en un porcentual similar.

Casi toda la baja del baño, en nuestro recinto, se la debemos a julio y su saldo nefasto. Pero fue, nos parece, cuando ya no sirvieron ni libritos, ni estrategias, ni ortodoxia alguna. Resultó un cúmulo de operadores actuando cada día, com si se tratara de una «nueva Bolsa» cada vez. Sin que lo inmediato sirviera de hilván, sin que lo que seguía pudiera poseer un pronóstico confiable.

Imaginamos igual a los de Wall Street, pendientes en cada fecha de una nueva declaración, o de un ratio a conocer, solamente procurando salvar el pellejo en la rueda del día. Viviendo en peligro...

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