Setiembre ha sido un mes de grandes noticias, tanto en el exterior como en nuestro medio, pero faltando tan pocas horas para su extinción en los mercados bursátiles quizás haya que recordarlo, solamente, por las novedades que llovieron sobre ellos. Más no por sus efectos benéficos concretos. Ni el fastuoso monto del «salvataje» en el Norte, ni esa apertura del caso «canje» que se anunciara para nuestra problemática local, generaron lo que sería el ansiado «cambio de tendencia». Los dos han quedado más claros en el arranque y el anuncio, que en una senda que se vea despejada para darle velocidad a la puesta en práctica. Y las ruedas, después de una de alto impacto, retornaron a la inestabilidad permanente y cotizando mucho más las dudas, que las convicciones. Ejemplo concreto de cómo la epidermis -y en este caso hasta los músculos- de un mercado, se puede destruir con cierta facilidad. Pero lo difícil que se hace regenerar esas heridas y restablecer la salud de una tendencia.
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Lo único que se advierte y sobresale, es la gran prisa que tienen los gobernantes de ambas puntas del continente americano. Primero para se les apruebe todo de inmediato, a libro cerrado, y que los instrumentos de medición de los problemas -arriba de todos, los índices de las Bolsas- les muestren la cara buena.
A tal punto son de importantes esos indicadores, que nuevamente se tiende a confundir la causa con el efecto y hasta con el termómetro, que es simple testigo de lo que sucede. Hoy por hoy, en todas partes, seguramente que la mayoría de los ciudadanos comunes están cargando culpa a los mercados bursátiles, por encima de la real causa que partió del sector bancario. Un modo de utilizar de escudo a una víctima más, la Bolsa, del enorme zafarrancho que han creado ejecutivos irresponsables de entidades crediticias. En todo caso, si se busca la síntesis máxima para tener un blanco fijo y apropiado, piensen todos en la palabra «securitización». Herramienta moderna, que pareció ser la veta dorada uniendo lo bancario y lo bursátil, pero que mostró la real dimensión negativa si se la utiliza desaprensivamente.
Como todo viene ya muy mezclado, con cataratas de personajes de todo calibre -hasta los Premio Nobel- colocando en los medios sus visiones y opiniones, inútil será poder lograr que se separen correctamente las culpas. Las Bolsas están pagando una enorme factura, cuando la gran mayoría de las sociedades que cotizan en ellas no han generado ningún problema. Ni estaban en cotizaciones exuberantes, ni en una «burbuja» intrínseca. Pero, fueron todas golpeadas por los aventureros del crédito.
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