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30 de octubre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Una excelente nota -en la revista «La Bolsa», órgano oficial de la Bolsa de Comercio-firmada por Claudio Zuchovicki (muy sólido analista, operador y también docente de nuestro mercado bursátil local) fue encabezada con una definición de ciclos que -infaliblemente- pasan de una fase a la otra. Repitiendo, con la monotonía y seguridad de un reloj, los mismos causales que lo hacen pasar de estado. En este caso es de John Templeton, afamado personaje del mundo de las finanzas, el que remozó conceptos que vienen desde el fondo de la historia, pero lo hizo de modo simple y certero. Las que se identifican, desde siempre, como etapas de: acumulación, crecimiento, madurez y distribución, fueron retratadas de esta manera por Templeton: «Los mercados alcistas nacen dentro del pesimismo. Crecen gracias al escepticismo. Culminan dentro del optimismo. Y mueren dentro de la euforia».

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Sencillo de ver y memorizar tomado desde el papel, pero que no son reconocidas debidamente en la práctica de los mercados. Es cuando el pánico hace que los inversores de todo rango, pero también los que debieran ser fríos operadores profesionales, tiran al diablo los preceptos fundamentales y dan razón a viejas máximas de Wall Street de tiempos de crisis, como: «Los perros muerden a los rezagados», entre muchas otras. Siempre se seguirá viendo, como ahora, aquello de: «Nunca es demasiado bajo, para un bajista. Y nunca demasiado alto, para un alcista». Con la sencillez de las mejores verdades, las más explicativas, se verá que el grueso de las personas huye despavoridad de sus tenencias en los momentos del pesimismo. Y no reconocen razones para vender, cuando se está en plena euforia, a punto de explotar.  

Está muy a las claras, terriblemente evidente, que los mercados vienen inmersos en la etapa pesimista aunque les parezca a algunos un absurdo, se está gestando un mercado alcista. Que tendrá sus tropiezos permanentes, recaídas, disgustos, porque obrará el seguro escepticismo acerca de una recuperación. Pero, en tal etapa, el mercado estará en fase de crecimiento (que no se reconocerá a simple vista y tendrá muchos opositores, escépticos).

Más adelante llegará -a la vista de todos- la zona del optimismo. Y cuando allí sí, el grueso decide entrar y plegarse, acaso no adviertan que se está en la fase de la culminación. Pero, faltará la cuarta etapa -de la síntesis de Templeton- y un mercado retroalimentado de optimistas a ultranza, perdiendo la noción de valor (pero, a la inversa que ahora) destaparán la botella de la euforia desmedida. La terminal. La zona donde llega la muerte natural de un ciclo y que se lleva a muchas víctimas consigo. Para muchos, se cumplirá un ciclo fatal y raíz de otra vieja máxima: «No puede ser buen vendedor, quien es un mal comprador». Créalo.

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