3 de diciembre 2001 - 00:00

De gastronómicos a médicos, medidas impactan en todos

Actividades tan disímiles como la prostitución, la gastronomía, las profesiones liberales y la delincuencia verán modificados sus usos consuetudinarios por imperio de las nuevas normas que restringen la circulación de efectivo.

Podría decirse que es un intento de bancarizar de facto, manu militari, a una población que (por falta de hábito) rechaza el uso del sistema financiero: el nivel de bancarización en la Argentina ronda 35%, contra más de 70% en Brasil y 105% en España (allí el número de cuentas supera al de habitantes). Esa desconfianza hizo que el viernes se registrara una masiva concurrencia a los bancos para retirar fondos, fenómeno que se continuó el fin de semana frente a los pocos cajeros automáticos con fondos.

No todo es negativo: muchos rubros delincuenciales deberán encontrar nuevos rumbos, actividades u opciones de línea de trabajo o modus operandi. Concretamente, hay al menos dos modalidades delictivas que tendrían que desaparecer por imperio de las medidas anunciadas el sábado:

• Los robos de «salidera»
: ya nadie saldrá de una sucursal luego de extraer sumas más o menos significativas. Como máximo, cabe recordar, podrán extraerse $ 250 o $ 500 (si el titular y su cónyuge o socio van juntos al banco), montos que claramente deberían resultar insuficientes para tentar a las bandas organizadas para esta clase de asaltos.

• La mafia de los taxis
: su accionar no sólo apunta a robarle al pasajero todo el dinero y bienes que lleve encima (reloj, joyas, etc.); su «core business» es hoy el secuestro a mano armada para forzar a la víctima a recorrer cajeros automáticos y «secarle» la cuenta corriente/ caja de ahorro. Con el límite de extracción fijado en $ 250 semanales, poco será lo que puedan hacer los ladrones.

Como contrapartida, podrían incrementarse los delitos contra las casas de familia
ante la sospecha que albergarían los ladrones de que allí se guarda el dinero que se sacó este último tiempo del sistema bancario.

Actividades como la prostitución y la concurrencia a los hoteles alojamiento también se verán afectadas: como los peces en el agua, el contado no deja huellas en estas prácticas que para muchos deben ser ocultadas.

Las nuevas medidas requerirán de la población tomar un curso acelerado por el método empírico de utilización de servicios bancarios. La ignorancia abarca a toda la sociedad, desde los sectores de mayores ingresos hasta los más desposeídos.

Por caso, muchas empleadas domésticas ingresarán por primera vez a un banco cuando sus empleadoras las acompañen a abrir la caja de ahorro en la que les depositarán el cheque con que les pagarán el sueldo. Pero para muchas de esas empleadoras será la primera vez en su vida que tengan chequera.

También deberían desaparecer los restoranes que no aceptan pago con tarjeta de crédito, muchos de los cuales utilizan el mecanismo de «sólo en efectivo» para no dejar rastros de su evasión impositiva. Lo mismo puede decirse de un enorme número de PyMEs, que tienen a todo su personal «en negro» y se mueven sólo con billetes (pocos últimamente, es cierto).

¿Qué pasará en los consultorios de los
psicoanalistas, dentistas, médicos, kinesiólogos? Estos profesionales independientes que históricamente han cobrado al contado, y están habituados a hacerlo (lo que, desde ya, también los ayuda a evadir parte de sus obligaciones fiscales), ¿podrán pedir la instalación de una máquina POS (lectora de tarjetas de crédito y de débito) para cobrar sus honorarios a través de esos medios de pago? ¿O se verán obligados a aceptar cheques de sus pacientes, con las dudas que genera este instrumento? Lo mismo puede decirse de plomeros, peluqueros, electricistas y todo oficio o profesión que se maneja «cash».

Es posible que quienes utilicen de manera frecuente servicios como
radiotaxis o remises traten de pactar con esas empresas la conformación de cuentas corrientes, que se pagarían con tarjeta o cheques. Podría incluso abonarse por adelantado (una especie de tarjeta «prepaga») y se iría descontando el monto de los viajes de ese importe a medida que se vayan realizando. Todo, para tratar de preservar el «cash» para lo que realmente sólo pueda pagarse al contado.

Otros intercambios cotidianos, como la carga de combustible, también verán afectada su mecánica. Supongamos que un vehículo ajeno a la ciudad llega a Charata (Chaco); el automovilista pide: «¿Me carga 50 litros de especial, por favor?». El estacionero procede con la carga. «¿Cuánto es?», pregunta el cliente. «Cincuenta y tres pesos», responde el empleado. El hombre saca su chequera, escribe la cifra y entrega el cheque. Es natural que al empleado le surjan preguntas:

¿Tendrá fondos el cheque de este desconocido al que probablemente no verá nunca más en su vida?

¿Será «bueno» el cheque, o será robado, falso, etc.?

El emisor, ¿será quien dice que es?

La misma situación, pero al revés; al momento de pedir la carga, el automovilista escucha del estacionero la fatídica pregunta que ya le hicieran en otras tres estaciones de servicio antes de ésa:
«¿Con qué me va a pagar? Cheques no aceptamos, y las tarjetas las tenemos suspendidas...».

A pesar de escenarios más o menos dramáticos, a partir de esta semana los argentinos deberán comenzar a acostumbrarse a emitir cheques, a pagar con tarjeta de débito (
Visa Electrón, Maestro) y a transferir fondos de una cuenta a otra. Algo que vienen haciendo las poblaciones de países tan desarrollados como Estados Unidos o España, o tan cercanos a la Argentina como Chile y Brasil. Estos países, sin embargo, tienen algo en común: quien emite un cheque sin fondos se convierte poco menos que en un muerto civil, y queda prácticamente sin posibilidades de regreso al sistema. Las dudas que genera la hipotética escena de Charata, Chaco, es impensable en esos países: todos aceptan cheques, porque a su vez todos los emiten.

S.D.

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