1 de marzo 2001 - 00:00

De la Rúa debió corregir la crítica de su hermano a Pou

A Ricardo Ostuni, vocero presidencial, su jefe le encomendó una delicada tarea: enmendar al ministro de Justicia, justamente Jorge de la Rúa, el hermano del mandatario. «No lo interpretaron bien, diría que fue mal interpretado», susurró con diplomacia Ostuni tratando de adormilar a la audiencia periodística.

Casi nadie le replicó que las declaraciones del ministro nadie las había interpretado mal. Por el contrario, habían sido claras, precisas: pidió que Pedro Pou abandonara la jefatura del Banco Central, casi un atrevimiento institucional, la manifestación de quien -como Raúl Alfonsín o Carlos Chacho Alvarez, por no mencionar a Elisa Carrió- entiende que los mercados mejorarían si Pou renuncia. Todo lo opuesto a lo que piensan en rigor los mercados y, como ahora se ha visto, el propio presidente De la Rúa, que encargó rectificar a su hermano.

Raciocinio

La injerencia del ministro sobre el Banco Central -cuando actúa además una comisión específica del Congreso-supone además una forma poco democrática de enfrentar la realidad: se prefiere el descabezamiento sin juicio, antecedentes ni investigación, sólo a pedido de algunos interesados políticos vinculados a una presunta social-democracia, lo que ya había revelado el propio Pou como «un linchamiento». Más que corregir a su hermano, De la Rúa, a través de Ostuni, trató de imponer raciocinio, algún gramo de justicia.

Si algunos dicen que le cuesta controlar al país, es evidente que también tiene dificultades para disciplinar a su familia, a la misma que le ha obsequiado cargos. Con una experiencia de presunto banquero, antes de viajar a París -lugar donde se exilió en los tiempos del proceso militar-, Jorge de la Rúa sostuvo que si Pou se fuera, habría más tranquilidad en los mercados.

Nadie sabe quién le sopló al oído esa versión, ya que a él, realmente, no se le reconoce experiencia como operador, financista, ni siquiera inversor. Agregó, además, que pretendía resguardar al BCRA, como si esa suerte de golpe garantizara la autonomía de la institución y la estabilidad monetaria.

Garante

Hasta ahora, el único que ha garantizado la convertibilidad -y la separó de algunas crisis-fue el propio Pou, no el hermano presidencial.

Como es de imaginar, ni la fantasía tanguera y poética de Ostuni pudieron explicar ayer que el ministro no había dicho lo que había dicho. Ni que integra, con otros hombres del gobierno, una línea permeable a cualquier tipo de imputación, sobre todo, si ésta proviene de los sectores más radicalizados del oficialismo. No parece la mejor actitud de quien preside el Ministerio de Justicia.

Por pensar diferente a todo esto, el Presidente salió a corregir a su hermano, quien también tuvo problemas de «interpretación» en el pasado cuando se expresó sobre los sobornos en el Senado. Ya es capaz de crear un anecdotario propio en este sentido. Lo que para Fernando de la Rúa puede resultar particularmente doloroso.

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