La firma de los gobernadores peronistas al plan de ajuste propuesto por el gobierno trastabilló ayer la mañana cuando el cordobés José Manuel de la Sota y el santacruceño Néstor Kirchner se plantaron y dijeron que no lo suscribirían. El primero, con dureza, porque advertía excluida a Córdoba del Fondo Fiduciario, y el segundo, por el análisis que hizo de la propuesta del gobierno (recordando que tampoco había firmado el Pacto Fiscal de noviembre de 2000, que el gobierno no cumplió, y le deben $ 112 millones): «Primero: estoy de acuerdo con el déficit cero, pero hay que ver cómo se obtiene y a costa de quiénes; segundo, decir que éste es el único camino posible me parece un acto de autoritarismo, y tercero, no estoy de acuerdo con hacer recaer el ajuste sobre los que menos tienen, sobre los jubilados; siempre sobre los mismos». Una letanía principista que también le repitió al jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, pocas horas después.
Conflicto
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
De la Sota mantiene un viejo conflicto con la Nación por la caja de jubilaciones de la provincia. Cuando la Nación invitó a las provincias a transferir sus sistemas previsionales, Córdoba no lo hizo. Ramón Mestre gobernaba y decidió derogar 82 por ciento móvil para el sector pasivo. De la Sota quiere lo contrario, reimplantándolo. La Nación mantiene esa deuda con Córdoba -con la transferencia del sistema de las provincias, la Nación enjugó ese déficit con impuestos que Córdoba no recibió-, y que De la Sota buscó negociar con Chrystian Colombo y José Luis Machinea. Estos, a través de los pactos fiscales firmados, se comprometieron a girarle a Córdoba en 2000 5 por ciento del déficit; este año, 25 por ciento; en 2002, 40 por ciento, y en 2003, 100 por ciento. Hasta ahora no se ha cumplido nada de eso. El enojo de De la Sota es porque pensaba aplicar esa plata para pagar el 82 móvil -un arma formidable en un año electoral-, y hasta ahora no hay noticias de su pago.
A las 11 de ayer, el apoyo prometido de los gobernadores peronistas al plan de ajuste del gobierno parecía diluirse. Reunidos en el Consejo Federal de Inversiones (CFI), estaban casi todos, con excepciones como la del tucumano Julio Miranda, el fueguino Carlos Manfredotti y el santiagueño Carlos Juárez, que eran suplidas por sus vices o los ministros de Economía. La decisión de apoyo pasaba a esa hora, fuera de los planteos principistas, por exigir a Domingo Cavallo no sólo el reconocimiento de algunas deudas de la Nación con las provincias sino también por la necesidad del envío de esos fondos frescos entre ésta y la semana próxima.
Congreso difícil
Los legisladores peronistas Miguel Angel Toma, Carlos Soria y Eduardo Bauzá, presentes allí también, eran la avanzada peronista del Congreso expresándoles a los gobernadores que difícilmente la Alianza UCR-Frepaso estuviera dispuesta a tratar legislativamente las leyes pedidas por el Ministerio de Economía. Y plantearon lisa y llanamente que los bloques del PJ no estaban dispuestos a convalidar ningún recorte a las jubilaciones. Ni sobre $ 500 y mucho menos $ 300 de la clase pasiva.
El formoseño Gildo Insfrán agregó la difícil situación de su provincia si Economía no le giraba ya los $ 40 millones que le adeudan. Allí se produjo una especie de catarsis y el misionero Carlos Rovira acusó que le debían $ 8 millones; lo mismo que el jujeño Eduardo Fellner con $ 25 millones. Carlos Ruckauf aprovechó y sacó a relucir los $ 130 millones que le debe la Nación de acuerdo con los pactos fiscales firmados, el último en noviembre del año pasado, y que «el gobierno no parece dispuesto a respetar».
Pero después hubo alivio: los delegados técnicos de las provincias, para hablar y arreglar con Baldrich y Garnero. Los bonaerenses Ricardo Gutiérrez y Jorge Sarghini salieron disparados hacia el Palacio de Hacienda. Eran los que más pedían. Un entusiasmo inicial que se desdibujó cuando el dúo Baldrich-Garnero respondió «ni» a los reclamos. «Cuando no hay plata las cosas no resultan sencillas», se sinceró uno de ellos con este diario.
Sarghini y Gutiérrez regresaron al Banco Provincia, donde los aguardaba Ruckauf. A pesar de todo, igual había voluntad para firmar. Eran las 17 y recién empezaba la nueva historia.
Dejá tu comentario