Déficit cero: sin solución de fondo
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Lamentablemente, desde el inicio de su gestión, el PE no ha logrado que la coalición que lo apoya y lo llevó al poder se cohesione para asumir su «rol» de gobierno. Constantemente, gran parte de los dirigentes que la conforman se han negado a asumir el costo político necesario para encarar los cambios que necesita el país; lo cual implica rehuir sus responsabilidades como «oficialismo». Por ello, no es de extrañar que el gobierno haya ido perdiendo credibilidad desde que asumió; ya que su principal «oposición» parecía estar enquistada en su interior.
Es así como en la medida que fue perdiendo imagen en términos de capacidad de gestión, se fueron desencadenando las distintas crisis políticas, que empezaron con el cambio de gabinete de octubre de 2000 y que derivó en la renuncia del ex vicepresidente Carlos Alvarez. Estas derivaron en la pérdida absoluta de la credibilidad del gobierno y, por lo tanto, de su disponibilidad de crédito, poniéndonos al borde de la cesación de pagos.
Con las medidas lanzadas el miércoles 11, el PE dio un primer paso en el sentido correcto. Ahora, debe demostrar que está dispuesto y con prontitud a continuar con el rumbo iniciado. Para ello, necesita demostrar que tiene poder político para hacerlo. En ese sentido es importante como señal que se haya logrado el apoyo de los gobernadores justicialistas y aliancistas al concepto de desequilibrio cero. Para reforzar esta imagen de apoyo político sería importante que, en forma urgente, el PE lograra ratificar, en el Congreso, el decreto de necesidad y urgencia que fija el déficit cero.
Sin embargo, esto no garantiza que tendrán el apoyo para avanzar en otros temas. En ese sentido, resulta relevante volver a recomponer la Alianza que daba sustento al PE y, para ello, quizá se deba pagar algún costo en términos de postergar la entrada en vigencia de las mayores deducciones de Impuesto a las Ganancias a 2002 y revertir la baja del Impuesto a las Transferencias de los Combustibles de las naftas, subiendo con esos recursos el mínimo a partir del cual alcanza el ajuste a los jubilados. El beneficio en términos de impacto de credibilidad política del PE superaría en gran medida los perjuicios de retrotraer estas medidas. Además, se puede justificar esta actitud en el estado de emergencia que motiva pedirle un ajuste a los empleados estatales y a los jubilados. Sin embargo, debería negarse la posibilidad de incrementar los aportes patronales a los sectores de servicios. Esto desincentivaría el empleo en el sector que mayor capacidad de generación de puestos de trabajo puede generar en un proceso de recuperación económica y, por lo tanto, complotaría contra el objetivo prioritario de disminuir el desempleo.
Por suerte, pareciese que se están empezando a dar las condiciones para que se logre un consenso político. Tanto los medios como la opinión pública están presionando fuertemente en ese sentido. Sin embargo, todavía resta saber cuál es la respuesta del alfonsinismo y del Frepaso a la necesidad de cumplir con su rol de ser parte de la coalición oficialista y asumir sus responsabilidades, es decir, los costos políticos que implican las medidas de gobierno. Si esto no sucede, es poco esperable suponer que los justicialistas puedan cubrir ese papel. Esto supondría pedirles que paguen los costos políticos de resolver los problemas que generaron, justamente, aquellos que «abandonan el barco» y que, elecciones por delante, se irán a la «vereda del frente» para acusarlos de todos los sacrificios que significarán la implementación de las medidas necesarias. En tanto, sí es imaginable un peronismo actuando constructivamente frente a una coalición de gobierno reconstituida y tomando las decisiones que conduzcan a superar la crisis.
Esperemos que nuestra dirigencia política tome conciencia del estado de emergencia en que se encuentra el país y actúe con responsabilidad. Esta es la única forma de evitar una crisis institucional y comenzar a recuperar la credibilidad perdida. Si esto se logra, el crédito para el sector público volverá. Los capitales ingresarán nuevamente al país financiando el gasto interno y la propensión a consumir e invertir aumentarán. Así lograremos incrementar la demanda interna que absorbe alrededor de 90% de la producción de bienes y servicios del país e iniciar el camino de la recuperación económica que nos saque de este «círculo vicioso y depresivo» en el que está sumida la Argentina.




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