Deuda: acreedores deben ser socios
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Los inversores (empresas de ese país) rescatarán con sus participaciones la totalidad de la deuda en poder de ciudadanos japoneses, a 100% de su valor. Para el intercambio de esos bonos, la Argentina les otorga a las corporaciones, en alquiler, un fondo de comercio de nuevas exportaciones argentinas y un cupo fiscal anual, a recuperar en un plazo de 30 años. Para facilitar la instalación, otorgará también trato preferencial para la inversión extranjera directa, destinada a nuevas actividades productivas de exportación. De esta manera, la Argentina rescata los primeros bonos elegibles, llevando tranquilidad al primer grupo de acreedores, a cambio de producción exportable y empleo argentino. A su vez, les garantiza a las empresas japonesas el cumplimiento del convenio, sometiéndolo, si lo desean, a la supervisión de los organismos multilaterales de crédito. Sembramos una solución y cosechamos un socio absolutamente complementario y sin conflictos ideológicos. Bajamos la carga de amortizaciones y consecuentemente el temor de la insolvencia fiscal intertemporal, posterior a 2004. Empleamos esta sustitución de deuda, como una llave de arranque para potenciar exponencialmente nuestras exportaciones y continuamos, luego, replicándola con los grupos europeos formados por el secretario Nielsen.
Esta es la primera respuesta para convertir enemistados acreedores en socios. Para nuestra sociedad, aumentar exponencialmente el volumen de exportaciones, cancelando al mismo tiempo deuda y generando empleo, significará toda una epopeya. En términos políticos, ésta es una solución claramente nacional, popular, progresista y racional, en línea con el pensamiento del presidente Kirchner.
(*) Consultor (con la colaboración de Daniel Tigani)




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