14 de septiembre 2001 - 00:00

Diálogos en Wall Sreet

(El diálogo es con un avezado operador de la Bolsa de Nueva York a quien, para no identificarlo, se lo denomina Gordon Gekko, como el personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema central de la conversación es si el atentado terrorista marcará el comienzo de la recesión en los Estados Unidos.)

PERIODISTA: Las Torres Gemelas han quedado reducidas a una masa humeante de escombros. ¿Qué pasará con la economía mundial? ¿Se hará añicos también? Todos hablan de recesión como si fuera un hecho inapelable.

Gordon Gekko:
Estados Unidos no estaba en recesión antes de los atentados. Estaba en la antesala de la recesión. De crecer 5,7% en el segundo trimestre de 2000, un año después todo ese dinamismo se había evaporado. Apenas un avance de 0,2%. Repito: antes de los atentados. Una recesión se insinuaba ya en el horizonte con méritos propios aunque no se previera un ataque terrorista.

P.: Con más razón entonces después de los atentados...


G.G.:
La respuesta obvia sería contestar que sí pero probablemente no sea la respuesta correcta. Usted tiene que distinguir entre la naturaleza de los atentados y la naturaleza de sus consecuencias económicas. En el primer caso, se trata de un acontecimiento único, sin antecedentes, claramente excepcional. Su probable impacto económico, sin embargo, no presenta ninguna de esas tres características.

P.: ¿Está seguro?

G.G.: Es un shock adverso cuya magnitud no se aparta, empero, de los cánones tradicionales. Déjeme ponerlo en perspectiva: el mes pasado la economía destruyó 113 mil puestos de trabajo. Si 50 mil personas trabajaban en el complejo de las Torres Gemelas, esto es más de dos veces esa cantidad. Y la mayor parte de esos puestos de empleo no se habrán perdido, simplemente se relocalizarán. Quiero decir, entonces, que la economía puede sobrellevar un impacto de estas características. Porque periódicamente se enfrenta a ellos.

P.: Convengamos que no me resulta un argumento muy familiar.


G.G.:
Mírelo desde otro ángulo. Tome el caso de las compañías de seguros y, sobre todo, el puñado de firmas que se ocupan de los reaseguros. Este es un sector pequeño de la economía mundial que cargará con la parte del león del costo de los atentados.

P.: Es un buen punto. Nadie especula con la quiebra de los reaseguradores. Pese a que todos han reconocido que habrán de cargar con una abultada factura.


G.G.:
No sé si miró sus informes. Los perjuicios estimados son similares a los registrados en catástrofes como las provocadas por el huracán Andrew en 1992 o las tormentas de invierno en 1999. Es un duro golpe pero lo absorberán.Y aproximar el impacto sobre la economía a partir del análisis de las compañías de seguros exagera enormemente su magnitud.

P.: ¿Por qué?

G.G.: Porque las compañías de seguros participan de los costos pero no de los aspectos expansivos que se desatan en paralelo.

P.: ¿Cómo cuáles?

G.G.: Hay tres grandes áreas. Masivas inyecciones de liquidez para apuntalar la confianza en el funcionamiento del sistema financiero, un aumento permanente en el gasto público dedicado a defensa, seguridad e inteligencia y por último el gasto asociado a la reconstrucción de las zonas devastadas. Sólo las Torres Gemelas involucran una pérdida de 900 mil metros cuadrados construidos. Pero el daño abarca como mínimo un área de 10 cuadras a la redonda. Tome el ejemplo del huracán Andrew o la experiencia japonesa tras el terremoto de Kobe y verá de qué le estoy hablando.

P.: Cuando se pone el acento solamente en los daños, en la retracción de la confianza de inversores y consumidores, se olvida repasar estos aspectos.


G.G.:
Usted no puede trazar un balance y mirar únicamente los pasivos.

P.: ¿Cree que los bancos centrales dispondrán nuevas bajas de tasas de interés?


G.G.:
Creo que hay un «switch» temporario y los bancos centrales pondrán el acento en proveer, a las tasas de referencia actuales, toda la cantidad de dinero que les sea requerida. Y ésta sí es una operación a escala global. Es la resurrección de los manuales que se prepararon para atender el famoso problema del año 2000. Los atentados plantean una amenaza análoga al Y2K y es lógico que se utilice una respuesta similar.

P.: ¿Cuánto tiempo durará este nuevo status de los bancos centrales?


G.G.:
Lo que haga falta. Como en octubre de 1987 o como sucedió después de la moratoria rusa. Dependerá de qué tan bien respondan los sistemas de operaciones, dependerá del temple de los mercados de capitales. En ambos casos hasta el momento la respuesta es tranquilizadora.

P.: ¿Cómo saber si las Bolsas se precipitan cuánto obedece a un temor irracional desatado por el terrorismo y cuánto a una simple extensión de la tendencia que traían de antes?


G.G.:
¿Cómo saberlo? Una esta conclusión al párrafo anterior y se dará cuenta de que las Bolsas hoy tienen un respaldo del que carecían cuando se mecían al borde de un barranco la semana pasada.

P.: Si la respuesta no es acertada, por lo menos no deja de ser original.


G.G.:
Tenemos una oferta perfectamente elástica de dinero. Las instituciones han recibido ese mensaje de parte de los bancos centrales. Si los clientes se asustan, las instituciones van a tomar esas posiciones. Sabiendo que el Banco Central le cubre las espaldas. Esa es la estrategia.

P.: Dígame cuáles son los aspectos económicos adversos de los ataques. Si es que ve alguno.


G.G.:
Hay tres frentes delicados. El shock sobre la confianza de los inversores. Y su correlato de mayor aversión al riesgo. Número uno. Una suba en el precio del petróleo en la medida que surjan temores sobre su adecuada provisión (que no ha sido el caso hasta el presente pero tenemos que esperar a conocer la respuesta de los EE.UU.). Número dos. Y en menor medida, una probable incidencia negativa sobre el consumidor. Sabemos que si el ciudadano americano se prende al televisor las ventas minoristas sufren.

P.: Todos elementos que pueden empujar a una recesión.


G.G.:
Como ya le mencioné, la economía, aún antes de los atentados, transitaba por terreno resbaladizo. Mi impresión era que la recesión probablemente llegaría en algún momento en 2002. Si eso finalmente ocurre habrá que escoger un mojón, un hito. Y si el candidato previo era la «imprudencia» de la Fed en subir las tasas, no hay dudas que ahora será desplazado por el colapso del World Trade Center. Aunque no haya sido la razón, no habrá cómo discutir.

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