Diálogos de Wall Street
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Pese a la pax financiera, en la city crecen las alertas por el freno de la economía real y el clima político
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Caputo podría tener problemas para poner en marcha una medida clave de la reforma laboral
G.G.: Lo que fuera. Pero como usted bien señala el papel recibió la noticia, se hundió un poco y no ha hecho otra cosa más que subir desde entonces. Un poco menos de 20%, lo que no es poco.
P.: En estos tiempos sabe a gloria.
G.G.: Usted lo ha dicho.
P.: Otro tanto ha sucedido con Motorola.
G.G.: Una acrobacia similar tras desayunarse con malas nuevas. Correcto. Me parece que allí se encuentra una pista. Un atisbo claro de una capacidad de reacción; a partir de un fuerte recorte previo en las cotizaciones.
P.: Hizo falta empero que Greenspan abriera el paraguas.
G.G.: Sin Greenspan hubiera sucedido igual, pero -me parece obvio-a precios más bajos.
P.: Se difundió el informe de empleo que usted reputaba clave para decidir la agenda de la Fed en su próxima reunión. Trepó una décima la tasa de desempleo pero otro tanto subieron los salarios.
G.G.: Uno a uno. Estamos a mano. No hay una debilidad apremiante que obligue a la Reserva Federal a obrar de prisa. No hay dudas de que el mercado laboral está perdiendo dinamismo (la revisión de los números de octubre enfatizó ese aspecto pero le quitó dramatismo a la evolución de octubre a noviembre que, en cierto sentido, era la clave si se apreciaba una fuerte desmejoría). Todavía se observa presión en alza -una aceleración-en las remuneraciones. Los salarios están trepando a un ritmo de 4% año contra año. Unos meses atrás, ese número era 3,6%. No es un tema menor.
P.: ¿Los salarios no son acaso una variable de comportamiento rezagado?
G.G.: Sí, lo son. Por eso la Fed puede cruzarse de brazos esperando que tras consumirse los bríos del mercado de trabajo, los salarios acusen recibo. Pero va a llevar su tiempo. Una tasa de desempleo de 4% no es un transmisor de grandes preocupaciones como para revertir rápido esa tendencia. Veremos por un tiempo un proceso en el que los costos laborales unitarios van a subir a medida que las remuneraciones apuran el paso mientras se desacelera el crecimiento de la productividad. O las empresas reducen sus márgenes de ganancias o suben sus precios. No hay otra salida.
P.: Las tasas de interés pueden bajar.
G.G.: Para el Tesoro, sí. Para las empresas de calidad promedio, los spreads han subido y podrían hacerlo aún más. Siempre hay una salida: que baje el petróleo es el camino obvio para una descomposición de los balances de las compañías. Pero recién estamos por entrar en el invierno. Me parece improbable una baja sustancial antes de terminar febrero.
P.: No cree que la Fed vaya a recortar las tasas la semana próxima.
G.G.: A mi juicio, lo que la Fed buscaba ya lo ha conseguido. Estabilizar el NASDAQ.
P.: Suena muy crudo.
G.G.: No me podrá negar consistencia. Desde 1996 hemos puesto el acento en la importancia que tiene la Bolsa para la Fed. Estamos simple-mente ante un nuevo ejemplo. Nadie puede hablar hoy en día de una crisis sistémica en la Bolsa. De una huida generalizada. No es así. Se hunden las tecnológicas pero florece una gran gama de sectores y de papeles. Con toda la bambolla, y en el peor momento de la semana pasada, las tecnológicas apenas habían retrocedido -en tiempo-a sus cotizaciones de agosto de 1999. Sin embargo, Greenspan lanza un salvavidas a la medida del NASDAQ. P.: Y que no ha sido rechazado.
G.G.: En el corto plazo, era un mercado totalmente sobrevendido. Créame que si no era la Fed hubiera podido ser (a precios más bajos) cualquier otra cosa poco tiempo después. Por primera vez en años pudo observar que el segmento tecnológico de Standard and Poor's cotizando más barato que todo el resto (cuando se toman en cuenta las respectivas relaciones precio/ganancias corregidas por las tasas esperadas de crecimiento de las ganancias). Greenspan buscó frenar ese desmoronamiento. Evitó que el inversor sufriera mayor castigo. Entiendo que necesita que el inversor no se deprima de todo. Cualquiera en su lugar, tendría un libro sobre Japón como su lectura de cabecera. Y lo consiguió, a decir verdad, a un costo muy bajo. ¿Cuál es el costo de cambiar el sesgo de política monetaria?
P.: No sé. Si no lo sabe usted.
G.G.: Es simplemente cambiar una palabra en un comunicado. No obliga a un movimiento posterior y si la situación llegara a deteriorarse sin preaviso tampoco se necesita un sesgo neutral para gatillar una baja de tasas.
P.: El único costo entonces es el de fomentar el «moral hazard». Una vez más dar muestras de que la Reserva Federal está comprometida a no dejar a los inversores en la intemperie cuando arrecia una tormenta.
G.G.: Octubre del '87. Octubre del '98. Esos fueron casos concretos -perfectos-de «moral hazard». Cuando hay un «crac» la Fed está entre la espada y la pared. Y todos sabemos que en esos casos prefiere correr la pared.
Es la recomendación del dinero elástico de Friedman. Pienso que estamos en un escenario distinto y la Fed va a arrojar el salvavidas al mercado pero no lo va a sacar de la tempestad. Todos vamos a tragar mucha agua al menos hasta que algo importante se quiebre en el sistema financiero, que no parece ser todavía el caso.



