23 de septiembre 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Diálogos en Wall Street
La tensa situación entre EE.UU. e Irak es clave para entender la evolución de los mercados. Un operador de la Bolsa de Nueva York, que se identifica bajo el nombre de Gordon Gekko -el personaje de la película «Wall Street»- analiza el momento actual y las perspectivas de que se concrete un enfrentamiento.

PERIODISTA: El presidente Bush instaló el tema de Irak en el seno de las Naciones Unidas. Con un claro viso de urgencia. Y, finalmente, Saddam Hussein aceptó las inspecciones. Sin condiciones. ¿Es un triunfo de Bush o, más bien, una módica victoria del líder iraquí?

Gordon Gekko:
La respuesta estándar es que Hussein procura ganar tiempo. Pero la verdad es que Bush precisa no menos de un par de meses para desplegar 90 o 100 mil hombres en la zona de conflicto. Y no está claro si Bush no preferirá, para no herir susceptibilidades en el mundo árabe, que transcurra el Ramadán -en noviembre-antes de desatar las hostilidades...

P.: No es la primera vez que Irak acepta inspecciones de la ONU.Y, sin embargo, Hussein sigue siendo percibido como una amenaza.


G.G.:
El objetivo último no es inspeccionar Irak sino desarmarlo. Es obvio que después de setiembre 11 este tema sea considerado como muy prioritario.

P.: Pero inmediatamente después de los atentados se habló de Osama bin Laden, de Al-Qaeda y del régimen talibán. Nadie mencionó Irak. No en esos momentos.


G.G.:
Es cierto. Queda claro que hay un dibujo táctico en juego. Probablemente desde el primer día.

P.: ¿Y que se despliega en etapas?


G.G.:
Eso pienso. Nadie habla tampoco de Arabia Saudita. Pero es obvio que allí hay un problema. Muy serio. Por empezar 15 de los 19 secuestradores aéreos eran sauditas. Y el grueso del financiamiento que recibía Al-Qaeda también. Hay nexos que conducen, por lo menos, a tres miembros de la realeza.

P.: No sabía...

G.G.: Usted recordará que los norteamericanos no pudieron interrogar a elementos de Al-Qaeda detenidos por la inteligencia saudita. Y, en general, hay una aprensión creciente sobre el wahhabismo y su verdadero rol en el sentimiento antinorteamericano que se propaga en la región. En definitiva, es un gran listado de temas urticantes...

P.: No es extraño leer entonces que hayan emigrado de los EE.UU. 200 mil millones de dólares pertenecientes a inversores árabes...


G.G.:
Es muy verosímil. Mas allá de la exactitud de la cifra (piense que equivale a la mitad de los flujos netos de capitales que tomó EE.UU. del exterior durante todo el año pasado). Tarde o temprano llegará una factura por una participación tan destacada.

P.: ¿Piensa que se evitará la guerra con Irak, o que es un hecho inevitable más allá de las demoras que consiga fabricar Saddam Hussein?


G.G.:
Dick Cheney -el vice- presidente norteamericanoapuntó, un par de meses atrás, que un nuevo atentado terrorista no era altamente probable. Sino inevitable. «Va a suceder», dijo. Esa lógica de hierro es la que domina las probabilidades de una guerra con Irak. O Hussein es derrocado antes o la guerra procurará replicar ese resultado. Es muy evidente que setiembre 11 es la verdadera bisagra. Allí tiene que haber nacido esta decisión.

P.: Sin embargo, no hay una visión monolítica. No sólo dentro de los Estados Unidos. Demócratas y republicanos no coinciden.


G.G.:
También hay discrepancias en el interior del propio gobierno...

P.: El vicepresidente Cheney y el secretario de Defensa Rumsfeld son una cosa. El secretario de Estado, Colin Powell, piensa distinto.


G.G.:
Dejemos que el presidente Bush construya su caso (como le pidieron los demócratas). Es el temor a un atentado devastador el verdadero elemento aglutinante -allí se derriten todas las diferencias.

P.: ¿No es sugestivo que esta escalada contra Irak coincida tan estrechamente con el calendario electoral?


G.G.:
Sí, lo es. Desde ya.

P.: Estamos a sólo 2 meses de una elección importante en los Estados Unidos...


G.G.:
Esa suspicacia es imposible de eliminar. Sinceramente. Uno tiene todo el derecho a pensar que Bush ha escogido deliberadamente el «tempo» de este asunto. De manera que mejore las chances de su partido a la hora de las urnas. ¿Cómo refutar esa sospecha? Pero, alternativamente, ¿cómo comprobarla?

P.: ¿Sigue pensando que este tema -Irak- es el más importante a la hora de evaluar las perspectivas de los mercados internacionales?


G.G.:
El tema amplio de la seguridad y el terrorismo. Sí. Y por varios cuerpos. Irak es un componente. Dos meses atrás era la escalada de Sharon en Medio Oriente lo que concitaba el foco de la atención. Pero, es obvio, hay un hilo conductor que une todos estos tópicos.

P.: El mundo ha dejado de ser un lugar seguro. Como lo fue en los noventa...


G.G.:
Tal cual. Cuando uno piensa en todos los eslabones que pueden estar en juego -Arabia Saudita, Egipto, la necesidad de procurar una solución duradera para Palestina-, es claro que estamos ante un desafío muy complejo. Para empezar, la campaña militar en Irak probablemente sea prolija y rápida.

P.: ¿Está seguro?

G.G.: No. Eso es lo que pienso. Ahora, ¿cómo estar seguro? Es cierto que la tarea de zapa, de ablandamiento ya comenzó. Sabemos hoy que hace un mes se cambió la estrategia de la zona de exclusión aérea. Que se ampliaron los objetivos. Que se incorporaron centros de comunicaciones dentro de los blancos de los bombardeos. Digamos que lo único seguro es que la parte militar -aun ignorando las dificultades que pudieran presentarse- será la fase más sencilla.

P.: ¿Y qué será lo más complicado?


G.G.:
Estabilizar la región, contener a Irán, frenar a los kurdos... No se olvide de que si Saddam Hussein sobrevivió a la Guerra del Golfo fue porque se llegó a la conclusión de que era mejor solución dejarlo en funciones que hacerse cargo de la reconstrucción del país...

P.: Uno se pregunta si será el presidente Bush la persona indicada para acometer esta tarea.


G.G.: Como ve, la cuota de incertidumbre es muy alta como para que los mercados tengan una digestión normal. Quizá cuando se apriete el gatillo en Irak haya una fase de descompresión, una liberación de la ansiedad y los temores. Sucedió en Afganistán. Pasó con el primer misil que se lanzó en la Guerra del Golfo. Pero no se olvide que esta vez la tarea de fondo no se acaba allí.

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