10 de enero 2003 - 00:00

Diálogos de Wall Street

(La situación en Brasil domina el centro de la escena entre los grandes operadores de mercados emergentes. Comenzó bien Lula, pero nadie asegura que es el fin a los problemas en el país vecino. El periodista dialoga con Gordon Gekko, un influyente operador de Wall Street que se escuda bajo el seudónimo del personaje principal del film "Wall Street". Este fue el diálogo mantenido:)

Diálogos de Wall Street
PERIODISTA.: Mi impresión es que tenemos dos noticias que nos llegan desde Brasilia. Una buena y una mala. La buena es que Lula no es el «cuco» que se temía. La mala es que, pese a ello, la crisis y el escepticismo no abandonan el escenario. Más allá de la lógica «luna de miel» la desconfianza de fondo persiste...

Gordon Gekko:
Recuerde apenas unos meses atrás cuando se atribuía la crisis al fantasma de un triunfo de Lula. Queda claro hoy en día que Lula no come vidrio. Pero también queda claro que hay una crisis que mantiene en jaque a la deuda pública brasileña, más allá de quién ocupe el gobierno. Se llame Cardoso, Lula o Serra. El problema es la deuda en sí, no el gobierno...

P.: Sigue pensando que Lula es una mejor alternativa que Serra?


G.G.:
Lula tiene que ser más papista que el Papa. Serra hubiera podido hacer la gran Zedillo (como en México en diciembre de 1994 cuando el flamante presidente Zedillo gatilló la crisis del tequila) y cargarle la factura total a Cardoso. Lula, no.

P.: ¿Por qué no?

G.G.: Porque la culpa habría sido de él, de la incapacidad de la izquierda y de su falta de responsabilidad. En definitiva, Lula tiene que lidiar con la mochila usual que carga la izquierda cuando llega al gobierno (inclusive en Europa donde ello ocurre a menudo). Eso, a mi juicio, evita las sorpresas en el punto de partida...

P.: Pero no garantiza los resultados...


G.G.:
Desde ya que no...

P.: ¿Qué pasa si -después de un tiempo-las cosas no funcionan como se espera? ¿Se mantendrá el discurso? ¿Podrá Lula evitar las críticas de su propio partido? ¿No hay un riesgo de una «contrarreforma»?


G.G.:
Si todo va bien, seremos todos capitalistas. Mien-tras el «shock de confianza» provea su cuota de magia, no habrá fisuras. Tenga presente que el PT no es una izquierda de escritorio. Ni un partido de clase media. Son sindicalistas -importa la ideología, pero mucho más importan los resultados...

P.: Pero esa magia no durará por siempre. Más temprano que tarde los mercados volverán a mostrar los dientes ¿no cree?


G.G.:
Téngalo por seguro.

P.: ¿Y entonces?

G.G.: Tome un ejemplo de la Argentina reciente. Hasta la Alianza de De la Rúa cuando el «impuestazo» no produjo los resultados buscados, persistió en la receta original. Ni Chacho Alvarez ni el radicalismo soltaron un reclamo cuando hubo que recortar 10% los salarios del sector público ¿Se acuerda?

P.: Me acuerdo.

G.G.: Las cosas se complican y mucho si -después de haber implementado los retoques-Ud. sigue sin encontrar el rumbo. Al fin y al cabo, Ud. está haciendo exactamente lo contrario de lo que predicó toda su vida. Si la situación marcha sobre ruedas, no hay problema. Pero si Ud. se hunde, ¿qué hace? Lula persistirá, pero otros buscarán ponerse a salvo. Es natural...

P.: ¿Y podrá Lula contener a su partido?


G.G.:
En ese aspecto, Lula es más Menem que De la Rúa. Ya se ha ocupado de dejar en claro que él es quien crea el juego. No dudó en cortarle las alas a José Dirceu en público cuando armó el gabinete. No veo un Alfonsín que le dispute el tablero de comandos.

P.: Supongamos que así fuera. Si la situación empeora, Lula tarde o temprano, pensará que erró en tomar la receta capitalista...


G.G.:
Sí. Pero Lula no tiene margen de elección. Entre estallar hoy y hacerlo mañana, la decisión es obvia. Si estalla hoy el culpable es Lula -si estalla dentro de un año, tal vez, la culpa pueda cargarse al modelo neoliberal. No tengo dudas de que Lula ha elegido muy bien sus pasos.

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