17 de noviembre 2003 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El periodista habla con un operador de Bolsa, personificado a través de Gordon Gekko, el protagonista del film «Wall Street», sobre los datos de leve crecimiento de las economías europeas y japonesa.)

PERIODISTA: No son malas las noticias económicas que llegan de Europa y de Japón.

Gordon Gekko: Para nada. Después de mucho tiempo se puede afirmar que el crecimiento es el denominador común.


P.:
Y se produce al doble de velocidad que lo que se estimaba antes de conocer los informes del PBI...

G.G.: Así es. En Japón se confirma una senda de avances que ya acumula siete trimestres consecutivos en alza. En el caso de la zona del euro, en cambio, la economía -luego de contraerse en el segundo trimestre- ha sido capaz de retornar a territorio expansivo. No es que el crecimiento allí sea muy vigoroso, pero es alentador que se haya producido un punto de giro convincente...


P.:
Es un punto de partida para un proceso que cobrará más impulso en el tiempo...

G.G.: Así parece. Piense que manejamos una estimación muy preliminar -según la jerga, lo que se conoce como un estimador «flash»-: una primera lectura que se obtiene con velocidad precisamente porque no procesa sino una fracción de toda la información. P.:
¿Cómo es eso?

G.G.: De los doce miembros de la zona del euro, usted cuenta -hasta el momento- sólo con cuatro países que han difundido los resultados del trimestre en forma oficial. Alemania, Francia, Italia y Holanda.


P.:
O sea, la parte del león de la eurozona...

G.G.: Correcto. Los cuatro muestran un patrón uniforme: segundo trimestre negativo, tercer trimestre en expansión.Y la magnitud del cambio oscila, según el país, entre 0,7% y 0,4% del PBI. Es un viraje muy nítido -que permite hablar de un punto de inflexión- y -lo que lo torna aun más ilustrativo- es una reacción favorable que se produce a pesar de la fortaleza del euro contra el dólar...


P.:
Uno de los villanos favoritos a la hora de especular por qué el continente se deslizaría a una recesión...

G.G.: Así es.

P.: ¿Esta recuperación debería poner en guardia al Banco Central Europeo (BCE) y llevarlo a modificar la política actual de tasas de interés, o sigue pensando que permanecerá de brazos cruzados?

G.G.: Si el crecimiento fuese la única variable bajo análisis del BCE, todavía habría espacio para una baja adicional de tasas. No una suba. Otros elementos entran en la ecuación, por cierto, y uno entiende las razones de la inmovilidad del BCE. En ese contexto, no veo por qué torcer el rumbo. La eurozona creció 0,4% comparando con su nivel a fines de junio. Pero apenas 0,3%, si se coteja con el nivel de un año atrás. Alemania, por ejemplo, todavía se ubica 2 décimas por debajo del tercer trimestre de 2002. Son números magros.


P.:
¿Y en Japón? Atesora ya siete trimestres seguidos de crecimiento y el Banco de Japón -a diferencia del BCE-mantiene las tasas en cero...

G.G.: Hay un descubrimiento tardío de la supuesta fortaleza de la economía en Japón. Llevamos casi dos años de expansión pero la convicción sobre la existencia de una mejoría no data de más allá de los dos últimos trimestres. Y, le diría, no es una mercancía fácil de vender entre los locales.


P.:
¿Cuál es la razón? ¿También en Japón la aritmética del crecimiento arroja magros resultados?

G.G.: La expansión en el último año alcanza a 2,2%. Este guarismo es más importante que el de la eurozona y, puesto en la perspectiva adecuada, o sea medido con la vara del crecimiento promedio registrado por la economía japonesa desde los noventa, es un ritmo dos veces más rápido...


P.:
No es para despreciar...

G.G.: Desde ya que no. Mire: aun si el nivel de actividad se mantuviese congelado en los dos trimestres que restan hasta el 31 de marzo, el año fiscal cerraría con un avance de 2,2% (superior en una décima al pronóstico oficial, que a su vez era la predicción más optimista disponible a principios de año).


P.:
¿Entonces?

G.G.: La deflación importa. No se olvide de que éste es el mundo del revés. La economía creció 0,6% en el tercer trimestre en términos reales (sin anualizar) pero el producto nominal no se ensanchó en absoluto. Cayó marginalmente (0,02% o, lo que es lo mismo, 0,1% anualizado).


P.:
La gente no percibe una mejoría...

G.G.: Hay ilusión monetaria. Sería mejor llamarla desilusión monetaria. Una sensación de estrechez porque la plata no alcanza (aunque la baja de precios permite objetivamente estirar el presupuesto). El fin de la vieja noción de estabilidad plena en el empleo, por supuesto, agrava esa percepción (aunque también la situación haya mejorado en el mercado laboral).


P.:
La deflación se está moderando.

G.G.: No es una tendencia tan clara. Es lo que sugiere el índice de costo de vida pero no lo que surge de observar el deflactor del PBI. Este último señala todo lo contrario: los precios agravan su retroceso a 2,7% en los últimos doce meses. Ello absorbe todo el avance del producto real y permite aún una pequeña merma en el ingreso nominal.

Dejá tu comentario

Te puede interesar