6 de noviembre 2013 - 18:30

Diálogos en Wall Street

Wall Street tiene altibajos. Pero los bajos duran poco. Y los altos son cada vez más altos. Con Gordon Gekko, nuestro hombre en las trincheras de Manhattan, pasamos revista a las novedades de otra jornada que concluyó en récord.

Diálogos en Wall Street
Periodista: No hacen falta grandes noticias para que Wall Street se encarame a una nueva cima.

Gordon Gekko: La prueba está a la vista.

P.: Basta con que el mundo no se arruine.

G.G.: Ni siquiera. Porque los bancos centrales, en ese caso, estarán obligados a comprar más bonos.

P.: Tiene razón. ¿Cómo explicar esta súbita resurrección que rescata a la Bolsa de la abulia y la instala en su enésima cumbre?

G.G.:
No hay un motivo puntual.

P.: ¿No pasó nada?

G.G.:
Nada especial. Europa operó muy bien y le dio el pie a los futuros. Las expectativas por la reunión del BCE de este jueves sirvieron de aliciente. Y Wall Street que ya había examinado la firmeza del suelo con una fugaz caída de 100 puntos la rueda previa, que logró recuperar sin gran esfuerzo, probó si había resistencia a la suba.

P.: Y no la encontró. Como ha sido la norma en lo que va del año.

G.G.:
Diría que se convirtió en una rutina. El patrón es fácil de reconocer: la Bolsa, después de lateralizar un tiempo, de buscar fisuras y tratar de ahondarlas sin éxito, ensaya el zarpazo.

P.: ¿Se anticipa así a una probable baja de tasas en Europa? En la reunión del BCE de este jueves, ¿emergerá Mario Draghi con el anuncio de un recorte?

G.G.:
Difícil.

P.: Razones sobran.

G.G.:
No lo dudo. Pero Europa tiene sus tiempos. Lo que veo más probable es que Draghi telegrafíe una baja de tasas a ocurrir recién en diciembre.

P.: ¿Piensa que la falta de acción provocará una decepción?

G.G.:
Creo que si se produce la rebaja de tasas será una sorpresa. Pero el tema más importante no pasa por el hecho de mantener la tasa refi en 0,50% o reducirla a 0,25%. Que la liquidez suministrada por el BCE caiga sistemáticamente -cuando el desempleo es récord y la inflación se hundió por debajo de 1%- es la cuestión que genera mayor expectativa. Draghi ya sugirió la posibilidad de volver a recurrir a los pases de largo plazo. Allí reside la intriga. Si hay decepción será por su culpa.

P.: El informe de empleo de octubre se conocerá el viernes. ¿Cree que la Bolsa podrá sacarle tajada?

G.G.:
¿Qué le convendría? Se espera un número modesto - por debajo de los 130 mil puestos de trabajo - y con esa cifra en mente la Bolsa se acomodó en un máximo. Mi impresión es que un registro robusto le traería problemas. No se olvide del cierre parcial del gobierno. Si fuera así, la cuenta de noviembre debería resultar muy abultada. Y se difundirá mucho antes de la última reunión del año de la FED. Pensando en la suerte del QE3 sería una espina molesta.

P.: James Bullard, de la FED de Saint Louis, la semana pasada mencionó la preocupación del banco central por las burbujas. John Williams, presidente de la FED de San Francisco, lo contradijo. Afirmó que la FED, en realidad, habla muy poco de los precios de las acciones, que no constituyen una variable demasiado relevante a la hora de tomar decisiones. ¿Con quién nos quedamos?

G.G.:
Con lo que digan las minutas. Williams tiene razón, pero no toda la razón. En un plano general es así, pero la exuberancia siempre quitó el sueño y más aún después de la crisis. Ya hay quien dice que la FED amén de su mandato dual - pleno empleo e inflación al 2% - tiene un tercer objetivo tácito que es la preservación de la estabilidad financiera.

P.: Williams apuntó que no cree que los precios actuales de las acciones reflejen una burbuja. Dijo que no era obvio que existiera una valuación excesiva y que más bien había modelos que señalaban lo contrario teniendo en cuenta la fortaleza de las ganancias de las compañías.

G.G.:
Para ser un tópico poco relevante, lo tiene muy bien estudiado. Las declaraciones de Williams fueron oportunas. El récord de este miércoles sobrevino después.

P.: ¿Qué sacamos en limpio?

G.G.:
Que hay que esperar las minutas y buscar allí una respuesta. Si se encendió el debate, como lo sugirió Bullard, estará registrado. Pero también le digo que si la preocupación fuera punzante - y ampliamente compartida - ya nos habríamos enterado.

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