El Congreso reaccionó ayer con virulencia al veto total del Poder Ejecutivo sobre la ley que habilita el pago de deudas con el sistema financiero mediante el uso de bonos y títulos de deuda, de acuerdo al estado de mora del deudor. Casi la totalidad de los senadores y diputados no sabían ayer por la mañana que el gobierno había tomado esa decisión. Sólo Rodolfo Frigeri, que había intervenido en la sanción del proyecto, fue notificado el miércoles por la noche cuando el decreto de veto ya estaba firmado. La mayoría de los legisladores están convencidos que la decisión del Ejecutivo está inmersa en la interna que mantienen Roberto Lavagna y Aldo Pignanelli: «No entendemos nada. Hicimos todo el proceso de tratamiento de la ley en acuerdo con el Ejecutivo. Se hizo una reunión pública con Pignanelli. Se acordó el texto con funcionarios del gobierno y todas las bancadas. Para el Estado era un asiento contable entre las deudas y los redescuentos que otorgaron a los bancos. Salvo que esto sea parte de una interna dentro del Ejecutivo que va a llevar al país a un abismo», protestaba ayer Oscar Lamberto.
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Lo cierto es que ahora tanto diputados como senadores están dispuestos a rechazar el veto y para ellos contarían con la mayoría necesaria de dos tercios de los miembros presentes, algo que confirmaron tanto peronistas como radicales.
La bronca de los legisladores tiene varios orígenes, todos centrados en el procedimiento que se llevó a cabo para sancionar el proyecto.
Cuando se votó en Diputados la primera versión de la iniciativa se estableció la posibilidad de cancelar deudas con los bancos mediante el uso de títulos de deuda, apelando a un amplio menú sin restricciones en cuando al tipo de bonos ni a la categoría de deudor calificada por el Banco Central. El monto de los descuentos que podían obtener por ese método los deudores era de tal magnitud que Pignanelli llegó a declarar que una ley en esas condiciones podría llevar a una quiebra masiva de bancos que se verían obligados a recuperar su cartera de préstamos a valores que podrían llegar a menos de 40% del monto original de la deuda, tomando siempre valores pesificados.
Comenzó entonces en el Senado una ronda de reuniones con el presidente del Banco Central para encontrar una nueva variante que conformara a los deudores, al Central y no perjudicara de lleno los balances de los bancos.
Después de dos exposiciones de Pignanelli, los senadores elaboraron un primer borrador que contemplaba ratificar la posibilidad de cancelar deudas con CEDRO a los deudores calificados en las categorías 1, 2 y 3, es decir, los mejores pagadores, y el uso de BODEN y una lista a elaborar por Economía de otro tipo de títulos de deuda para los morosos categorizados en 4, 5 y 6.
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