2 de agosto 2001 - 00:00

Dolarizar ahora es más urgente

Finalmente, el Senado termina de aprobar la Ley de Déficit Cero. Cumpliendo con ella, y logrando la renovación a largo plazo de las LETES, las necesidades financieras del Estado nacional deberían estar cubiertas para este año. En 2002, es de suponer que se produzca la renovación de los vencimientos con los organismos multilaterales de crédito, con lo cual la insuficiencias se limitarían a unos $ 5.000 millones.

En 2001, los depósitos del sistema financiero se redujeron violentamente, desde unos $ 89.000, a principios del año, hasta unos $ 79.000 millones, en estos días. La alteración de la convertibilidad, con la introducción del euro, y la remoción de las autoridades anteriores del Banco Central resultaron en una caída de casi $ 6.000 millones, entre marzo y mayo pasados. Luego de una recuperación, que permitió elevar los depósitos totales a $ 85.000 millones, a fines de junio, los temores sobre el mantenimiento de la paridad, aguijoneados con la introducción del factor de convergencia, y la situación financiera del gobierno nacional, resultaron en una nueva fuga de $ 6.000 millones durante este mes de julio. Estos fuertes cimbronazos de los depósitos tienen un impacto gravitante sobre la economía, puesto que significan menos capacidad de crédito, menos gasto y ocupación. Por otra parte, esta huida de los depósitos tiene su contrapartida en el precio de todos los activos en nuestro país. Desde el valor de una propiedad, empresa, bono o pagaré. Todo vale menos porque los inversores, que somos todos nosotros más los del exterior, desconfían de la capacidad de nuestras instituciones de defender el valor de la propiedad.

Desde la vigencia de la convertibilidad, todas las crisis sufridas por nuestro país resultaron de una pérdida en la confianza en el mantenimiento de la paridad y demás condiciones de la misma. En cada uno de los episodios, aunque estuvieron originados en eventos del exterior, se resintió la confianza en la continuidad de la convertibilidad y, por ello, se perdieron depósitos bancarios. En 1992, 1995, 1997, 1999, 2000 y en este año. No existe ninguna caída del ingreso, en este período, que no esté acompañada de una fuga de depósitos, alimentada por la incertidumbre en el sostenimiento de la liminar Ley de Convertibilidad. Como lo sostengo en el libro «Dolarizar: el fin de las monedas nacionales», Ed. Atlántida, la gran desventaja de la convertibilidad son las varias opciones de violación que presenta. Esta debilidad nos ha costado demasiado producto perdido y exageradas pérdidas de ingresos. Frente a esta fragilidad, la dolarización propuesta en mi libro es una institución superadora, que hará más atenuado el impacto de cualquier shock. Es más, la iniciativa gubernamental de dolarizar mostraría una decisión de atender el fortalecimiento de nuestras instituciones, el sostenimiento de la propiedad, y los deseos de la población. En este sentido, cabe destacar que los depósitos a plazo constituidos por los particulares, en pesos, representan ahora menos de 20% del total, a pesar de las fuertes diferencias de tasas de interés entre pesos y dólares. Las cifras presentadas en el cuadro anexo, comparando los depósitos del 28/02/01 con los del 26/07/ 01, ilustran que todas las imposiciones en pesos, incluidas las cuentas corrientes y cajas de ahorro, sufrieron pérdidas sustanciales, totalizando una caída general de 27% al tiempo que las imposiciones en dólares cayeron menos de 6%. Este comportamiento dispar reafirma que el riesgo percibido de alteración de la convertibilidad incide en forma gravitante aún hoy, a diez años de su vigencia. Como consecuencia, nuestro sistema financiero está dolarizado en gran medida. Y es precisamente la posibilidad de alterar la paridad la que agranda la incertidumbre y los vaivenes de los mercados en nuestro país. Por ello, dolarizar ahora es aun más urgente.



Dejá tu comentario

Te puede interesar