No es sencillo llegar acalibrar el punto en que se haya un mercado, cuando la extrema delgadez de lascifras que concurren a formarlo apenas si dibujan un perfil de oferta ydemanda, sin ninguna profundidad. Según sean los vientos de superficie, a cadarueda, tal será la dirección de esas mustias hojas en que se convirtieronnuestras especies cotizantes.
Un día amarillentas, al otroreverdeciendo, secándose al siguiente. Y vuelta a empezar, en un ciclo perpetuode entretenimientos para el trading, pero con ausencia de la napa inversora decierto plazo. Difícilmente, también, se pueda establecer una señal de la etapade «acumulación» de posiciones: la que es base de todo movimiento de mejorareal. Sencillamente porque nadie está seguro de que estos niveles de preciosresulten pisos de alguna confiabilidad.
«No interesan...»
Decía claramente el exministro español que estuvo de visita.
La Argentina, por ahora, nointeresa a los inversores -dicho en el aspecto amplio, de la radicación decapital-, traducido a un mercado de riesgo se potencia al extremo el concepto,y las carteras foráneas están fuera de circuito. Pero, los mismos fondoslocales rehuyen hoy toda colocación que implique alguna duda -inclusive bonoslargos-y prefieren el efectivo en caja, o el depósito a renta fija.
Si se van excluyendo a losparticipantes... ¿Quiénes quedan? Los amantes del azar diario. Es el drama deun mercado, cuando no hay mercado...



