Drásticas medidas que apuntan a reactivación
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Construcción
Mientras tanto el gobierno cobra más si no llega la reactivación y si llega cobra también más por IVA a mayores ventas.
¿Pueden las empresas forzar ventas para descontar la mayor carga fija en sus costos? ¿La oferta crea su propia demanda, según la ley de Say, prescin diendo de toda expectativa favorable como hay que hacer hoy en la Argentina desde lo político? ¿O, muy probablemente, la política juegue en contra del mejor deseo reactivante con hechos insólitos como la detención del ex presidente Carlos Menem? El aumento a 16% en carga previsional para empresas es elevado y duro para los sectores productivos que esperaban rebaja o igual pero no peor situación.
Transferencia
En las provincias del Noroeste, por ejemplo, es de 3% la carga previsional actual y se pasa a 16% generalizado en todo el país pero descontable el aumento por IVA de mayores ventas. ¿Habrá mayores ventas que necesitan las empresas para descontar del IVA y no quedar ahogadas por las mayores cargas de un nuevo impuestazo que les transfiere a ellas la pesada carga de reactivar el país?
Hay que mirar para otro lado donde no diga «ortodoxia» para entender el dividir el mercado cambiario como ahora se hace.
Mirar a un Brasil con devaluación permanente que lastima económicamente a sus vecinos del Mercosur. Para favorecer lo que se exporta y trabar o encarecer lo que se importa se crea un mercado «comercial» de divisas paralelo a la paridad uno a uno de la convertibilidad. De lo contrario, la Argentina perece por su sociedad con Brasil. Pero caer en un dólar «comercial» y otro financiero es retornar en nuestro país a la única corrupción ausente que estaba bien enterrada desde hace una década: la cambiaria.
Dos tipos de cambio han sido una pesadilla tradicional de la Argentina en sus décadas pasadas. Sucedió en 1971, presidente Alejandro Lanusse y ministro Aldo Ferrer; en 1981, presidente Roberto Viola y ministro Lorenzo Sigaut; también tuvo dos, con otros nombres, Roberto Alemann en 1982; Sourrouille y Alfonsín también en 1987; lo mismo Carlos Menem y diversos ministros hasta la tercera hiperinflación en 1991, cuando llega la convertibilidad.
Aquí sobrevinieron 10 años de tipo de cambio realmente libre y sin corrupciones cambiarias, consecuencia lógica de la libertad. Dos tipos de cambio llevan a un tercero, suele llamárselo «turístico», como al «comercial» se lo llama «oficial». Y cuando ya hay tres -y a veces también con dos-aparece un cuarto inevitable: el «marginal» o «paralelo» o «mercado negro». Y entramos así en tipos de cambio «múltiples» y nos remontamos atrás de 1971, prácticamente hasta 1931, cuando el presidente de facto que derrocó a Yrigoyen, el general José Félix Uriburu, le quitó la convertibilidad (en oro) al peso.
Inflación
Otro fenómeno destinado a reaparecer en la Argentina es la inflación, a partir del IVA de 10,5% al transporte, por un lado, sumado a que reaparezca el cálculo mental del precio para vender al nuevo dólar «comercial» que encarece importaciones, además de no saberse cuánto arrastra en alza de valores al mercado interno el precio de exportación pero nunca es neutro.
Ajuste en serio del gasto público no se ve y parece que no se verá antes de la elección de octubre. Por lo tanto, esquemas retorcidos que aumenten ingresos fiscales frente a un gasto fijo y políticamente irreducible o hasta creciente se tornan inevitables.



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