19 de junio 2001 - 00:00

Drásticas medidas que apuntan a reactivación

Hay que partir de la base de que reactivar el país es hoy una prioridad tal que hace claudicar nuevamente principios buenos de la ortodoxia y hasta de la seriedad en el manejo de la economía. Pocos economistas aceptarían encabezar lo que dispone hoy Domingo Cavallo.

Está rota la cadena de pagos. Salvo las empresas de servicios públicos -ex empresas estatales de quienes heredaron sus monopolios-, algunas exportaciones muy especiales y determinados bancos, porque le prestan básicamente sin riesgo al Estado, la mayoría de las empresas pierde o no da ganancias y vegeta perdiendo actualización tecnológica sin haberla empleado a fondo durante 3 años consecutivos de recesión.

Obviamente crece el desempleo, se reducen los sueldos, se extiende el clima depresivo en el país. El equipo económico sabe que por el lado de las expectativas políticas -fortísimo ingrediente reactivador en cualquier país-con este gobierno que encabeza Fernando de la Rúa no puede esperar ningún apoyo. Por tanto, sólo le quedaba operar con más medidas económicas, alejadas totalmente de la ortodoxia.

Adoptada la línea de sustentarse sólo en lo económico, tenía pocas variantes nuevas para sumar a las vigentes. Era posible, pero con alto riesgo de acrecentar el déficit fiscal -que debe vigilar el equipo económico aunque no le guste-, una medida audaz para reactivar: tratar de regularizar las cadenas de pago vía cierta normalización en los pagos de proveedores del Estado, lo que tiene efecto inmediato.

Construcción

No fue -al menos por ahorapor allí. Entonces le quedaba la construcción y la obra pública. La construcción se piensa vía no tocar ni encarecer los créditos hipotecarios y reducir Ganancias a salarios que puedan incursionar en adquirir viviendas.

La salida por la infraestructura se reduce a un aporte para fondo vial surgido del precio de la nafta. La apuesta fuerte y global de esta etapa de Cavallo es forzar la reactivación de las empresas a las cuales les aumenta la carga impositiva, sobre todo la previsional y algunas de costos específicos -suba al gasoil, que siempre pidió el Fondo-pero a cuenta del IVA. Quiere que vendan y generen IVA descontable del aumento fiscal y previsional.

Mientras tanto el gobierno cobra más si no llega la reactivación y si llega cobra también más por IVA a mayores ventas.
¿Pueden las empresas forzar ventas para descontar la mayor carga fija en sus costos? ¿La oferta crea su propia demanda, según la ley de Say, prescin diendo de toda expectativa favorable como hay que hacer hoy en la Argentina desde lo político? ¿O, muy probablemente, la política juegue en contra del mejor deseo reactivante con hechos insólitos como la detención del ex presidente Carlos Menem? El aumento a 16% en carga previsional para empresas es elevado y duro para los sectores productivos que esperaban rebaja o igual pero no peor situación.

Transferencia

En las provincias del Noroeste, por ejemplo, es de 3% la carga previsional actual y se pasa a 16% generalizado en todo el país pero descontable el aumento por IVA de mayores ventas. ¿Habrá mayores ventas que necesitan las empresas para descontar del IVA y no quedar ahogadas por las mayores cargas de un nuevo impuestazo que les transfiere a ellas la pesada carga de reactivar el país?

Hay que mirar para otro lado donde no diga «ortodoxia» para entender el dividir el mercado cambiario como ahora se hace.

Mirar a un Brasil con devaluación permanente que lastima económicamente a sus vecinos del Mercosur. Para favorecer lo que se exporta y trabar o encarecer lo que se importa se crea un mercado «comercial» de divisas paralelo a la paridad uno a uno de la convertibilidad. De lo contrario, la Argentina perece por su sociedad con Brasil. Pero caer en un dólar «comercial» y otro financiero es retornar en nuestro país a la única corrupción ausente que estaba bien enterrada desde hace una década: la cambiaria.

Dos tipos de cambio han sido una pesadilla tradicional de la Argentina en sus décadas pasadas. Sucedió en 1971, presidente Alejandro Lanusse y ministro Aldo Ferrer; en 1981, presidente Roberto Viola y ministro Lorenzo Sigaut; también tuvo dos, con otros nombres, Roberto Alemann en 1982; Sourrouille y Alfonsín también en 1987; lo mismo Carlos Menem y diversos ministros hasta la tercera hiperinflación en 1991, cuando llega la convertibilidad.

Aquí sobrevinieron 10 años de tipo de cambio realmente libre y sin corrupciones cambiarias, consecuencia lógica de la libertad. Dos tipos de cambio llevan a un tercero, suele llamárselo «turístico», como al «comercial» se lo llama «oficial». Y cuando ya hay tres -y a veces también con dos-aparece un cuarto inevitable: el «marginal» o «paralelo» o «mercado negro». Y entramos así en tipos de cambio «múltiples» y nos remontamos atrás de 1971, prácticamente hasta 1931, cuando el presidente de facto que derrocó a Yrigoyen, el general José Félix Uriburu, le quitó la convertibilidad (en oro) al peso.

Inflación

Otro fenómeno destinado a reaparecer en la Argentina es la inflación, a partir del IVA de 10,5% al transporte, por un lado, sumado a que reaparezca el cálculo mental del precio para vender al nuevo dólar «comercial» que encarece importaciones, además de no saberse cuánto arrastra en alza de valores al mercado interno el precio de exportación pero nunca es neutro.

Ajuste en serio del gasto público no se ve y parece que no se verá antes de la elección de octubre. Por lo tanto, esquemas retorcidos que aumenten ingresos fiscales frente a un gasto fijo y políticamente irreducible o hasta creciente se tornan inevitables.

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