Duhaldismo crítico esmeriló a Kirchner

Economía

Néstor Kirchner salió debilitado, a pesar de que consiguió la prórroga de la emergencia, en el Senado. La votación, que dejó fisurado el bloque PJ y alejó a transversales, resultó favorable gracias a ausencias y abstenciones de duhaldistas críticos y otras tribus no kirchneristas, que podrían haber hecho fracasar el proyecto.

La votación de la prórroga de la emergencia económica hasta diciembre de 2005 no sólo astilló el bloque PJ, sino que también dejó al descubierto que el apoyo del Congreso al gobierno de Néstor Kirchner se achica día a día: las ausencias del miércoles -lideradas por la propia Cristina Fernández de Kirchner-y abstenciones -todas del PJ-resultaron fundamentales para que se aprobara esa delegación de facultades, que incluye la suspensión de despidos mientras el índice de desocupación no baje de 10%.

La clave la dio en el mismo recinto un socialista que, quizás, por estar en soledad, tiene tiempo para reflexionar y puede decir, sin temor a retos, lo que piensa en voz alta.

«¿Sabe cuál es la mayor demostración de la equivocación de la norma que se vota esta noche, señor presidente?», apeló a la fórmula retórica Rubén Giustiniani. «Es que si se suman en este momento los senadores y senadoras que no están presentes para no votar la norma, las abstenciones y los votos por la negativa, seguramente, serán un número mayor que la cantidad de votos a favor del proyecto en consideración», sentenció el hombre del PS de Santa Fe, sin temor a ser desmentido. Nadie dijo lo contrario.

Los guarismos certificaron la apreciación de
Giustiniani: sobre 64 presentes, hubo 34 manos en alto, 27 en contra y 3 abstenciones (los peronistas Raúl Ochoa -San Luis-, la salteña Sonia Escudero y la fueguina Mabel Caparrós), que optaron por romper con timidez la disciplina del bloque oficialista, de manera tal de no entorpecer la sanción y el inmediato giro a Diputados de la emergencia.

Se inclinaron por la negativa todos los radicales que estaban en sus bancas
-incluidos los disidentes, Rodolfo Terragno y el rionegrino Luis Falcó-, más los provinciales de pelaje variado (desde el neuquino Pedro Salvatori -denunció que el Ejecutivo pretendía que le firmaran un «chequeen blanco»-, pasando por el salteño Ricardo Gómez Diez, los bussistas y la sanjuanina Nancy Avelín, de Cruzada Renovadora) y, demás está señalarlo, Giustiniani. Resultó sorprendente que pegara el salto la adolfista Liliana Negre de Alonso, que forma parte de la escudería oficialista.

Cristina de Kirchner
, que permaneció en Estados Unidos (para que no le recordaran que ella se había opuesto a esta misma ley, cuando la pidió Eduardo Duhalde en 2002), evitó el papelón de verse envuelta en una polémica: ratificar su voto del año pasado -también se abstuvo-, o inclinarse por el sufragio negativo, lo cual la hubiera encumbrado como la «principal oposición» a su marido.

• Fractura

No participaron del plenario, por distintos motivos, los radicales Mónica Arancio de Beller (Jujuy) y la formoseña Marcela Lescano; los peronistas María Elisa Castro (Santiago del Estero), el sanjuanino Luis Martinazzo y Ramón Saadi ( Catamarca); y Luz Sapag (MPNNeuquén). Parafraseando al escritor Macedonio Fernández, «había tanta, pero tanta gente, que si llegaba a faltar uno más, no entraban».

Hasta los «transversales» se fracturaron a la hora de manifestarse
. En sintonía con Cristina de Kirchner modelo 2002, la mayoría dijo no. Figuraron allí Vilma Ibarra (Frente Grande) y el juecista cordobés Carlos Rossi. Fiel a Juan Pablo Cafiero, a Felipe Solá y al kirchnerismo de Casa Rosada, Diana Conti volvió a alinearse detrás del PEN.

En definitiva,
con 3 abstenciones y 7 ausencias -hubiera sido suficiente con 5 de ellas-, que se transformaran en oposición hubiera fracasado la ley que pedía el gobierno.

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