26 de septiembre 2003 - 00:00

Duro también contra las AFJP por la quita

Néstor Kirchner se refirió ayer por primera vez a la queja de los fondos de pensión por la quita que propuso el gobierno para el repago de los bonos defaulteados. En un almuerzo reservado en el influyente Council of Foreign Relations y ante una decena de banqueros y empresarios, el Presidente dijo que esos inversores habían privilegiado la rentabilidad rápida y habían tomado papeles a 40%, una tasa que sabían en el largo plazo era de imposible repago. Insistió en que la oferta a los acreedores privados es realista y que proponer mejores condiciones sería pro-meter lo incumplible. Esta fue la principal reunión que tuvo en este segundo viaje a los Estados Unidos, donde recibió elogios por el acuerdo con el FMI y por su adhesión a la lucha contra el terrorismo internacional. Dos argumentos que lo alinean con la política oficial de la Casa Blanca y que implican una posición más realista en materia internacional. Por más que acompañe el Presidente esos pronunciamientos con otros que dividen hacia adentro, como decir "somos hijos y nietos de las Madres de Plaza de Mayo", un exceso dialéctico que reabre heridas.

Nueva York (especial) - Néstor Kirchner castigó ayer con una dureza poco usual a las empresas que administran las jubilaciones privadas a raíz de los reclamos que hacen por la quita que les ofrecieron sobre los bonos defaulteados. La noticia pesa porque es la primera vez que el Presidente se manifiesta en público sobre esa cuestión, la principal hoy de la agenda económica del gobierno. Pero también por el foro donde lo dijo: el gravitante Council of Foreign Relations, con cuya mesa chica Kirchner compartió un reservadísimo almuerzo, previo a la participación de un debate con cerca de un centenar de miembros de esa entidad entre quienes están los más importantes de la banca y la alta empresa. En primera fila -aunque agregado al almuerzo a la hora del café- estuvo David Rockefeller, que se cruzó desde su propio «think tank» el Council of the Americas, que está del otro lado de Park Avenue.

• Comitiva

Kirchner se sentó frente a una decena de invitados que había llevado el chairman del Council, Richard N. Hass. Junto a él estaban Aníbal Fernández, Carlos Zanini y el gobernador electo de Santa Cruz y SIDE saliente, Sergio Acevedo. No estuvo Rafael Bielsa, distraído ayer por interminables reuniones en la sede de la ONU, y los acompañantes Miguel Pichetto, José Bordón Marcelo Stubrin, José María Díaz Bancalari y el cónsul Juan Carlos Vignaud esperaban abajo, en un cóctel de espera del coloquio.

El titular del Council presentó a sus acompañantes como representantes de los principales bancos -Citicorp, Bear Sterns, Crédit Suisse, JP Morgan- y arrancó con un elogio al acuerdo cerrado entre la Argentina y el FMI. La respuesta de Kirchner fue suave como el tono favorable de esa bienvenida, pero cambió pronto cuando le preguntaron sobre la renegociación de la deuda privada y la reacción de los fondos de pensión.

El Presidente arrastró toda la ristra de argumentos contra esa queja por la quita: «Los muertos no pagan (hallazgo del discurso en el plenario de la ONU) y esas empresas han privilegiado el riesgo alto a la seguridad de la inversión. ¿Acaso -se enfureció- no tomaron bonos que iban a pagar una tasa de 40%?». Silencio. Y siguió compulsivo, agitando las solapas de su saco -inusualmente oscuro ayer y con otro cambio notable, la corbata azul y la camisa blanca-: «¿O no se dieron cuenta de que eran bonos para pagar jubilaciones, o sea, a largo plazo, y que en el largo plazo esa tasa no se la iba a pagar nadie? Por favor, lo que le estamos ofreciendo es lo más realista, lo posible».

Caliente el pico y animado por lo frugal del menú (una modesta caprese de tomate y búfala; terrina de pollo, algo de vino, gaseosas y masas de postre), el Presidente entonó uno de sus temas exitosos, cómo invertía yo la plata: «Puedo ser un ejemplo, yo nunca cuando administré mi provincia me creí esa película, nunca invertí a esa tasa y pude salvar las reservas, hasta sacándolas del sistema, del país, para salvarlas de ese desastre». «Además -agregó- esos inversores se dejaron llevar por las presiones de los gobierno de la época de comprar esos bonos.»

«La Argentina
-remató- les ofrece a los inversores en bonos sólo lo que puede pagar. Decir otra cosa sería prometer algo que no puede cumplir y eso yo no lo hago nunca.»

Conociendo el paño de sus anfitriones los alegró con una crítica al FMI: «A ustedes no les voy a hablar del Fondo, que les pide que inviertan en un lado y después no se hacen cargo de las consecuencias. O vienen con propuestas de ajuste que lo que hacen es agravar las crisis».

Ante esas caras sonrientes -es un sector muy enfrentado como toda la derecha republicana de los EE.UU. con lo que significa el
FMI-Kirchner dijo que «en el siglo XXI hay que llegar a una nueva relación entre acreedores y deudores, somos socios, y sólo vamos a salir juntos de la crisis».

Ante otra pregunta de los banqueros, el Presidente sancionó otro axioma que dice querer implantar en su gestión:
«En la Argentina se han acabado, además, los gobiernos que decían quién ganaba y quién perdía en la competencia de mercado».

La ronda de preguntas siguió
-era el final y acababa de sentarse a tomar café Rockefeller- con la posición del país en materia comercial.

• Barreras comerciales

«Lamento el fracaso de Cancún -cumbre de libre comercio-pero esperamos que se cumpla lo que acabo de pedir en la ONU, que se derriben las barreras comerciales para poder pagar la deuda que nos reclaman los mismos países que las imponen a nuestros productos.»

Escuchado que fue todo esto, el grupo dejó el comedor y rumbeó al anfiteatro adonde esperaban los demás miembros del Council pero sin acceso a la VIP. Infiltrada en el público, una autodenominada periodista de investigación aprovechó el tumulto para lanzar consignas contra el grupo Citi que le valieron salir en volandas en tiempo récord de salón. El resto, tranquilizados los ánimos, escuchó una puntual repetición del diálogo que había mantenido el Presidente durante el almuerzo, pero esta vez ante gran auditorio y con Rockefeller embelesado en la primera fila.

Hoy el Presidente podrá usar tonos más graves. Primero lo visitará
George Soros en el hotel The Peninsula, para hablarle mal de George Bush y del FMI. Más tarde lo espera un grupo de estudiantes de la New School University para hablar mal del FMI junto al premio Nobel Joseph Stiglitz, en una sede de Brooklin. En este distrito, Kirchner tiene planeada una agenda paralela de actividades que anoche nadie quería confirmar y que incluye participar de la celebración del Año Nuevo Judío en una sinagoga que frecuentan intelectuales como el ex periodista monopólico hoy dedicado a escribir novelas en la Costa Este y que ha organizado este tramo de la gira por su amistad con la primera dama. Esa agenda puede demorar a la comitiva en esta ciudad si el Presidente decide ir al concierto de Mercedes Sosa en el Lincoln Center de mañana a la noche.

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