El gobierno apretó el acelerador ayer en su proyecto del «tren bala». Las dudas que generaba en setiembre cuando este diario denunció la inviabilidad económica de ese ferrocarrilse acentúan con cada paso que da el matrimonio Kirchner y su secretario de Transporte, Ricardo Jaime, la verdadera locomotora que impulsa esta formación y que no logra resolver el galimatías que generó en Aerolíneas Argentinas.
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Todavía quedan por responder preguntas tan sencillas como cuánto costará viajar entre Córdoba y Buenos Aires. El tramo, de poco más de 600 km, es similar al de -por caso-París/ Mulhouse. Por ese trayecto de 550 km, la SCNF (la estatal empresa de ferrocarriles franceses) cobra 90 euros en turista y 125 en primera. Dado que el material rodante y la tecnología serán los mismos en la Argentina, las opciones que se abren son dos: el TAVA (Tren de Alta Velocidad Argentino) costará lo mismo que en Francia, por lo que será realmente para pocos, o en su defecto su tarifa será subsidiada por el Estado, que además deberá hacerse cargo del repago de la deuda que se contraerá para construirlo.
A valores actuales, viajar en segunda a Córdoba costará $ 1.000, o sea bastante más caro que hacerlo en avión. A menos, claro, que el gobiernoque para entonces decida los destinos del país (las previsiones oficiales ubican en ocho años la fecha de inauguración del tramo a Córdoba) decida subsidiarlo.
Cancelación
Quizás éstas y algunas otras hipotéticas preguntas, tan incómodas como insoslayables, hicieron que los empresarios que tendrán el privilegio de construir y operar el TAVA cancelaran a las 14 la rueda de prensa a la que ellos mismos habían convocado a media mañana. En lugar de la reunión con los periodistas citados, enviaron un comunicado que arranca hablando -correctamente en castellano-: «Con la presencia de la presidente de la Nación», lo que a Cristina de Kirchner quizás le moleste, ya que prefiere ser llamada «presidenta».
Una de las obvias preguntas, que no se responde, es por qué se avanza en un tren que no tiene mercado y -por lo tanto-tampoco posibilidad alguna de recuperar la inversión. Este diario relató en setiembre último (y vale la pena recordarlo) el caso de «la tripla de Claudio Cirigliano».
En efecto, el Grupo Plaza -que opera las líneas suburbanas Mitre y Sarmiento-realizó un estudio para poner un tren a Rosario, en un servicio que sería prestado con formaciones denominadas « triplas» (dos vagones motores diésel y uno intermedio) que pueden viajar a 100 km/h. Ese material rodante sería importado y usado desde España, reacondicionado en los talleres de TBA. Sin embargo, del proyecto se prescindió: capturando 50% de los pasajeros que viajan en micro (en poco más de tres horas) y cobrando la misma tarifa que sus competidores, no se recuperaba el costo de los vagones. El total de la inversión eran menos que modestos u$s 10 millones.
Ahora, la administración Kirchner propone la «necesidad» de tener un tren que sólo podrán usar en el mejor de los casos los sectores más altos de la sociedad, esos que a Rosario van en sus propios vehículos.
También queda por responder por qué Estados Unidos no tiene trenes de alta velocidad en tramos como Nueva York-Washington, Nueva York-Boston, Los Angeles-San Francisco, Miami-Orlando y tantos otros de distancias similares a las que cubrirá el TAVA, pero con públicos de poder adquisitivo mucho más alto como para conformar la masa crítica de ese medio de transporte.
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