Néstor Kirchner se encontró ayer por un instante con George W. Bush en la recepción habitual que el presidente de los Estados Unidos ofrece a las delegaciones que visitan su país para asistir a la Asamblea General de la ONU. Los dos mandatarios intercambiaron unas palabras convencionales mientras, en otro salón del Waldorf Astoria, Rafael Bielsa combinaba con su colega Colin Powell una reunión de trabajo para el mes de octubre. Con José Octavio Bordón y Roger Noriega como testigos, Powell le dijo a Bielsa que estaba bien impresionado por el clima con que el mercado espera la oferta argentina por la reestructuración de la deuda pública. El canciller advirtió: «Pero 'The Wall Street Journal' no nos saca el aliento de encima», como si se quejara ante el dueño del diario. «Esa es la prueba de que los acreedores están jugando sus últimas cartas», le retrucó Powell, optimista con la suerte ajena. El secretario de Estado invitó a Bielsa a visitar Estados Unidos antes de que el gobierno de Bush termine su gestión, aunque apostó a la reelección de su jefe. «Tenemos que ampliar nuestra agenda de trabajo que hasta ahora fue muy acotada», propuso el general Powell. Bordón y Noriega quedaron en combinar los detalles para que esos propósitos se realicen.
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Kirchner, por su parte, se enfrentará hoy ante la comunidad de negocios, representada por los 240 empresarios que reservaron lugar para verlo en el Council of the Americas (bastante más que los 71 de la última vez y menos que los 1.400 que reunió Lula da Silva en la misma institución). Las recepciones en esa organización suelen ser amables y si existe algún interrogante comprometido se formula en la antesala, cuando los mandatarios se encuentran con David Rockefeller, William Rhodes o Brian O'Neill, tres de los jerarcas del Council.
A media mañana, Kirchner se trasladará a Sheraton Hotel, donde lo esperarán los banqueros, inversoresy empresarios del Consejo de las Américas, que encabezan David Rockefeller y William Rhodes.
Habrá primero una reunión cerrada, luego un almuerzo y más tarde será el turno del discurso de 20 minutos del jefe del Estado. Llegarán después las preguntas, que se suponen estarán referidas a la marcha de las negociaciones por la deuda, a la oferta argentina a los bonistas, al cumplimiento de las metas fiscales y a la situación económica en general. Kirchner dedicó ayer casi todo el día a participar de la Asamblea General y a preparar el discurso que pronunció allí por la tarde. Asistió a la alocución del secretario general Kofi Annan, a la de Bush, a la de Lula da Silva (el año pasado no pudo hacerlo porque llegó tarde a la sede de la ONU) y cambió delicadezas con el chileno Ricardo Lagos, quien lo antecedió en el uso de la palabra.
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