En una semana el Banco Central emitió $ 500 millones. Esta cifra es la que creció el dinero en poder del público al 21 de febrero. Representa 5% de los $ 10.467 millones que la gente tiene en colchones, cajas de seguridad o en el bolsillo. La relación entre este incremento y la inflación no es casual.
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El Banco Central dirá que esto no es emisión, sino redescuentos que les dio a los bancos para que paguen sueldos y hagan frente a otros retiros del «corralito» en efectivo.
El tema es que sin sistema financiero el dinero que llega por esta vía a los bancos se comporta como emisión pura. Cuando el Banco Central le da un redescuento a una entidad, ésta paga sueldos. El que cobra lo gasta en dólares o mercadería. El comercio o el cambista que reciben ese dinero lo vuelven a gastar, pero jamás hacen un plazo fijo. Por lo tanto, el di-nero nuca vuelve a los bancos y, mucho menos, al Banco Central. Esto hace crecer el circulante.
Si hubiera sistema financiero, el que cobra, gasta y con el resto hace un plazo fijo. Los comercios depositan diariamente el efectivo en una cuenta corriente igual que las empresas. El Banco Central cada vez que ingresa dinero a un banco, se queda con un porcentaje que se llama encaje. Es decir, un redescuento da varias vueltas y retorna siempre al Banco Central, quedando neutralizada la emisión de dinero.
Si se observa todo el circulante (dinero en poder del público más dinero en poder de los bancos) desde el primer día de enero, cuando sumaba $ 10.960 millones al 21 de febrero cuando alcanzó $ 12.565 millones, el crecimiento es de $ 1.605 millones. La primera conclusión es que se está acelerando notoriamente el crecimiento del circulante, ya que en una semana subió 30% de lo que creció en lo que va del año.
Esto se debe a que el dinero que sale del sistema financiero no vuelve más y está circulando a una enorme velocidad, presionando a los precios y al dólar.
El comerciante, por caso, prefiere cambiar los pesos por mercadería o dólares. El público prefiere comprar artículos de primera necesidad y derivar el resto a divisas.
• Alimento
La ausencia de una tasa de interés de referencia y la falta de un sistema financiero confiable alimentan el movimiento.
Además, los bancos están cobrando muy pocos créditos ya que las empresas se resisten a cancelar porque saben que en el futuro no habrá nuevo crédito. Si cancelan lo que deben se quedan sin capital de trabajo.
Pero además de los redescuentos que otorga el Banco Central a los bancos, ahora se suma la emisión vía adelantos transitorios que se hace para que el Estado pueda cumplir con sus pagos.
A la presión inflacionaria también se suma el crecimiento del dinero en cuentas corrientes que proviene de los plazos fijos flexibilizados del «corralito», que suman $ 16.000 millones. En cajas de ahorro hay $ 21.500 millones más. En total hay unos $ 50 mil millones que, vía cheques o efectivo, quieren ser cambiados por dólares o mercaderías y que imprimen una tendencia a la inflación muy alta.
Se cree que el dinero en poder del público crece a un ritmo de $ 2.000 millones mensuales, algo así como 20% mensual y es equivalente al goteo del «corralito». Si así fuera, a fin de año la circulación monetaria, agregando la emisión estatal, podría estar cerca de $ 30 mil millones en efectivo, lo que implicaría un crecimiento de la inflación no menor a 100% en el año.
Este es el cálculo monetario frío, porque los acontecimientos sociales son un ingrediente imposible de cuantificar.
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