¿El Buenos Aires de Macri será como la N. York de Giuliani?
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Por su parte, Armando Pepe, dueño de la inmobiliaria que lleva su nombre, fue más escéptico aún: «No creo que el precio de las propiedades en la Argentina esté ligado al tema de la inseguridad, porque éste es un problema latente en todo el país y sin embargo no incide en la oferta y demanda de inmuebles. De hecho, la Ciudad de Buenos Aires tiene una gran demanda».
A su vez, Paul Reynolds, de la inmobiliaria Reynolds, afirmó que «quienes se interesan en el exterior por propiedades en Buenos Aires no lo hacen en función de la seguridad solamente, pero si bien a nosotros nos parece una ciudad insegura (sobre todo si la comparamos con el pasado no tan lejano), sigue siendo una urbe muy segura para los estándares latinoamericanos». De todos modos, vinculó una hipotética suba (aun mayor) de los valores inmobiliarios porteños a factores como «la gran liquidez que hay en Europa y Estados Unidos y la falta de inversiones atractivas en otras áreas del mundo. Desde ya, la burbuja española ya estalló y Europa del Este está saturada».
Los expertos coinciden en que las propiedades en alquiler en Buenos Aires están en valores muy altos porque el nivel de demanda duplica la oferta existente. Tal vez éste sea un punto de diferencia con respecto al fenómeno «New York City»: allí el valor de las propiedades llegó a centuplicarse en algunas áreas consideradas marginales hasta que se las incorporó al mercado, pero esto sucedió recién cuando la inseguridad, el tráfico de drogas, la prostitución y los robos y asesinatos desaparecieron de sus calles.
Pepe aclaró además que «en Nueva York se combinó la tolerancia cero con medidas impositivas que promulgaron la edificación de grandes edificios. Esa es una de las claves.
Por más optimista que se sea, desde el propio partido de Macri admiten que es demasiado pronto para pensar que los valores en Buenos Aires repuntarán de la misma manera que lo hizo Nueva York. «Es necesario brindar nuevos horizontes de vida, mejores a los hoy existentes, para que los chicos que limosnean en las calles de la Ciudad vuelvan a las escuelas, se incorporen a actividades culturales y dejen de callejear. Hay que generar mecanismos para que los jóvenes que se drogan en la vía pública sean contenidos en institutos capacitados. Todo esto acompañado de una transformación en la Policía, una Policía activa, que tenga a su disposición nuevas tecnologías que aceleren su trabajo», aseguró Eugenio Burzaco, diputado porteño del PRO y su mayor experto en temas de seguridad.
No obstante, poner en marcha cambios estructurales tan amplios llevará tiempo: « Confiamos en que, si todo sale como planeamos, si se aprueban nuestros proyectos, en ocho años esta ciudad volverá a tener el escaso nivel de inseguridad que tenía hace quince años, cuando se la comparaba con las grandes ciudades europeas», dijo Burzaco.




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