«Las retenciones serían un retroceso para el mercado de granos. Los precios sufrirán una erosión que implicará una paulatina disminución en la aplicación de tecnología. Se quita un estímulo a la producción ya que para la exportación las retenciones serán un factor más a tener en cuenta en su esquema de operaciones», decía A los males del empresario rural podría sumarse un cambio en la relación del productor con el Impuesto al Valor Agregado: se le generaría un abultado crédito a favor por la compra de insumos y mercaderías que seguirían tributando 21% en lugar de 10,5% impuesto a la venta de granos. De esta forma, y aunque resulte antipático para algunos, podría decirse que
«Las subas en fertilizantes y agroquímicos rondaron entre 20% y 25% aunque algunas marcas aumentaron entre 40% y 80%, las chapas subieron 100% y los repuestos de tractores hasta 80%. Con estos márgenes de aumentos es difícil pensar en la próxima siembra, ya que algunos proveedores exigen entrega de mercadería contra remito, otros aceptan dólares y algunos todavía no dan precio», confirmaba
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