Trascendieron ayer detalles de la reestructuración total de la deuda que tiene previsto lanzar el equipo económico en las próximas horas. Mientras se siguen buscando apoyos externos para garantizar los nuevos bonos que se ofrecerán a los inversores, la estructura de la operación está prácticamente concluida y sólo restaría el anuncio formal.
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Quien está piloteando la operación es el asesor del ministro Cavallo, Horacio Liendo, y no está definido el rol que tiene ahora el secretario de Finanzas, Daniel Marx. Sí está claro que la reciente renuncia del subsecretario Julio Dreizzen estuvo relacionada por este cambio de conducción en el manejo de la deuda pública con todas las decisiones económicas ahora girando en torno al trío Cavallo-Blejer-Liendo.
La intención oficial es lanzar, como máximo, cinco categorías diferentes en este canje. Habría tramos especiales para AFJP, bancos locales, bancos del exterior, inversores con títulos en aras e inversores con bonos en otras monedas. El nuevo papel, de más largo plazo, sería un bono a 30 años con una tasa de interés semestral de, como máximo, 7% anual, según la postura que mantiene Liendo, inflexible, en las negociaciones. Ayer hubo nuevas reuniones de banqueros, en donde se trabajó en lo que sería el tramo local.
• Cambios
Para un inversor, cambiar su tenencia de títulos públicos por uno nuevo con menor tasa y a más largo plazo está claro que no es negocio. Ni siquiera con la garantía especial -recaudación de impuestos, Banco Mundial y otros-, que se les daría a los pagos de los primeros dos años.
Por ello es que circuló la posibilidad de aplicar el mismo recurso utilizado por Ecuador en su canje de deuda en julio del año pasado. Se lo denomina «exit amendments», y consiste en que los tenedores, al aceptar participar en el canje, autorizan cambios en las condiciones de los viejos títulos.
Esos cambios precisamente hacen menos útil y restan valor a los papeles viejos (por ejemplo: los eximen de cotizar en el exterior, quitan cláusulas para reclamar ante la Justicia de EE.UU., etc.). Con que 50% de los tenedores acepte el canje, esos cambios entran en vigencia para los títulos viejos, según se aplicara en el caso Ecuador. Los nuevos títulos se convierten en un buen refugio frente a los viejos títulos a los que los desvisten de las cláusulas que protegían a los inversores. No sería casualidad que los mismos abogados que participaron en esa operación, del estudio Cleary-Gotlieb-Hamilton, son los que están asesorando al gobierno argentino.
Versiones que circulaban ayer indicaban que los tenedores deberían reconocer un menor valor de entre 20% y 30% por el canje. Lo que sí se percibió ayer en el mercado financiero fue la participación de «hedge funds» (fondos en inversiones de más riesgo) comprando a precio de remate títulos de escasa circulación, Global 2030. Saben que, en caso de un eventual «default», el papel tiene cláusulas legales que le permiten accionar judicialmente en forma rápida y llegar a recuperar con ganancias significativas lo invertido. Ayer el «2030» cotizó a sólo 48 dólares, con un retroceso de sólo 1,8% en el día.
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