El 0,17% que ganó el Promedio Industrial al cerrar en 11.117,32 puntos e incluso 0,48% que ganó el NASDAQ, si algo pueden dejar a primera vista, es la sensación de una rueda tranquila. Sin embargo, pocas cosas hay más alejadas de una realidad en la que lo que mejor cabe es la idea de extrema volatilidad (moraleja, como casi siempre en estos casos: no sacar conclusiones). En este escenario, que la posibilidad de un brote de fiebre aviaria se hiciera carne en los más hipocondríacos de los inversores, que las órdenes de bienes durables cayeran más de lo esperado durante el último mes o que la venta de nuevas casas alcanzara el máximo del año, no fueron más que excusas para comprar o vender y apenas si se reflejaron de manera más o menos directa en la cotización de los treasuries, cuya tasa a 10 años trepó a 5,042%.
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Con el precio de los principales commodities en franco desplome (el petróleo a u$s 69,86 por barril y el oro a u$s 637,5 por onza) y el movimiento "de salida" de las Bolsas extranjeras sin abatirse, no sorprende demasiado que el dólar trepara a u$s 1,2764 por euro y 112,63 yens. Tampoco sorprende que se realizaran operaciones alcanzando los extraordinarios volúmenes de 2.100 millones de papeles en el NYSE (algo influyó la colocación inicial de acciones de Vonage Holdings, la peor de los dos últimos años al caer el papel casi 13%) y 2.500 millones en el NASDAQ. Si vemos que un papel como General Motors (que trepo más de 8%) fue la base para la recuperación final, posiblemente se entienda por qué conviene sospechar que todavía "falta mucho para decir", y que de no ser por la actividad de quienes tuvieron que cubrir posiciones hacia el cierre, otro hubiera sido el resultado.
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