El Citi se achica más en la Argentina
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«No creo que se vayan: Buenos Aires es la primera sucursal que abrieron fuera del Estado de Nueva York. Pero uno debe preguntarse, ante su obvia pasividad, si su falta de acciones comerciales, su durísima política de recortes y el congelamiento de sus carteras (cuando no, la expulsión lisa y llana de clientes) tendrán una presencia activa o meramente simbólica. En otras palabras: si las sucursales que les quedan abiertas se usarán para generar negocios o simplemente para fondear los balances. Creo que la respuesta es la segunda», dice un observador del mercado financiero.
La voluntad de reducir su presencia en el país llegó a ser un secreto a voces de tales dimensiones que un ex CEO del grupo local acercó una propuesta para hacerse cargo del «Citi residual», lo que quedaría de la entidad luego de la retirada de los estadounidenses.
¿Por qué este cambio de estrategia en el Citi respecto de la Argentina? Sencillamente, porque el Citi ya no es el Citi: desde 1998 el banco fue absorbido (oficialmente se trató de una fusión) por el grupo Travelers. Esta corporación, al revés del Citi -que siempre tuvo una fuerte presencia en los mercados internacionales-, creció casi exclusivamente a través de operaciones dentro de Estados Unidos.
Desde 1998 se desató una feroz lucha interna en la fusión Citi-Travelers, que terminó con la incuestionable victoria de Sanford «Sandy» Weill, un hombre de Travelers que desplazó a toda la vieja guardia que provenía del Citi, incluido el conocido para los argentinos John Reed; otro «amigo» de la Argentina, William Rhodes, conservó una vicepresidencia honoraria. Hace exactamente un mes, Weill dejó la presidencia del grupo, transfiriendo el mando a su delfín Charles Prince, lo que garantiza la continuidad de las políticas establecidas por el ex CEO para la corporación.
¿Qué preverían esas políticas para la región? Cada vez menos actividad -salvo, obviamente, en México, donde en 2000 compraron Banamex en casi u$s 13.000 millones- y una progresiva retirada. De hecho, hasta antes de la fusión, las filiales en mercados emergentes del Citi representaban cerca de 45% de sus operaciones; hoy esa incidencia se redujo a 10%, y no sólo por la incidencia del tipo de cambio. En este marco, se anunció esta semana el cierre de las oficinas en Uruguay y su «traslado» a Buenos Aires (salvo dos agencias en Montevideo y en Punta del Este). Está claro que América latina ya no es un área de interés para el Citi.




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