15 de febrero 2001 - 00:00

"El éxito de una empresa trae el éxito de todas"

Pésaro es una de las cuatro provincias que integran la región de Le Marche, al nordeste de Italia, sobre el mar Adriático. Con una población de 335.979 y un territorio de 2.893 km 2 , se constituyó en una de las zonas industriales más importantes de la península. Más de 1.200 empresas brindan trabajo a 13 mil personas facturando 2.450 millones de dólares por año. Su tasa de desocupación es 10,7%, significativamente menor a la media nacional de 12,2%. La fórmula tiene secretos que pueden ser explorados y transportados para la utilización de cualquier pequeño o mediano empresario sin distinción de ubicación geográfica.

Italia sobrevivió a dos guerras mundiales. Hay que tener en cuenta esto antes de marcar sus diferencias con la Argentina. Ninguna hiperinflación puede ser peor. Los italianos lo saben, por eso no comprenden cómo nuestro país no encuentra su lugar entre las potencias económicas del mundo. Siendo tan parecidos, nuestras realidades son tan diferentes; y esto no sólo se debe al escudo proteccionista de la Unión Económica Europea. Una simple recorrida por las empresas más exitosas de la región revela que no es sólo cuestión de inteligencia y de preparación, sino también de tenacidad.

Según datos del Instituto Italiano para el Comercio Exterior (IICE), 41% de la población se dedica a la industria, 6,7 % se dedica a la agricultura, y 52,3 % al sector terciario, servicios y administración pública. La industria más relevante es la del mueble, en la que se alojan empresas de nivel internacional como Scavolini, Febal y Mobili Berloni. Esta área contiene casi 500 unidades productivas de tipo industrial, integradas a más de 700 empresas artesanales que, además de dedicarse a la creación de productos determinados, desarrollan servicios a la industria del mueble produciendo partes, piezas y cubriendo algunas fases del ciclo productivo. Pésaro también acoge otras empresas importantes de rubros tan diversos como vestimenta y mecánica (artículos del hogar en teflón).

Todas operan bajo el modelo denominado Red de PyMEs, según el cual las empresas forman una cadena de fabricación de productos, proveyendo cada uno de los insumos necesarios. Por eso, es común encontrar fábricas de zapatos que utilizan desde suelas hasta clavos fabricados por empresas de estructura familiar. De esta manera, pueden planificar y trabajan conscientes sin que el fantasma de la competencia los perturbe. El éxito de uno traerá el éxito de todos. «La unión hace la fuerza», asegura el saber popular acertadamente.

Como consecuencia de la inestabilidad cuantitativa y cualitativa de la demanda, la utilización rentable de las macroempresas suele dificultarse en ciertos rubros. Gracias a su flexibilidad, incluso a su capacidad de reaccionar casi instantáneamente a las fluctuaciones de la demanda, las PyMEs lograron superar a esas empresas de estructuras más «rígidas». Las pequeñas unidades productivas instalaron en la península un nuevo paradigma industrial, descentralizado e innovador, cuyas condiciones técnicas y relaciones sociales representan una oportunidad para el crecimiento de toda la región. Este año los principales institutos de investigación italianos proyectaron un crecimiento de 2,4 %.

El impulso de las redes de nuevas PyMEs, al final de los años '70 y principios de los '80, trajo consigo la aparición de una nueva generación de empresarios, en muchos casos hijos de los fundadores de las empresas que comprendieron que la visión de los negocios había cambiado.
La constante necesidad de alcanzar autonomía explica la pujante aparición de microempresas que caracterizó al «segundo milagro» italiano. En este punto, los empresarios optaron por crecer tomando como herramienta principal la instrucción de sus obreros, como una capitalización de su propia empresa. Para el profesor de Economía Industrial Valeriano Balloni, de la Universidad de Estudios de Ancona, la receta es lógica: «Aumentaron los ejemplos de apertura por parte de los fundadores, quienes siguen brindando ideas para el crecimiento, pero con el asesoramiento de profesionales universitarios».

La tradición artesanal de la cultura italiana, famosa por sus esculturas, pinturas y arquitectura, es un puntal de su éxito. Los fabricantes de vidrios de esta región lograron imponer a fuerza de talento que un producto que sólo se utilizaba como complemento de otros cobrara protagonismo. «Antes recibíamos sólo pedidos para puertas y ventanas», relata Victorio Livi, presidente de Fiam Italia, «gracias al trabajo de nuestros artesanos, estamos elaborando toda una serie de muebles construidos en vidrio. Allí nuestro valor agregado es el talento.» La imaginación es y será siempre la mejor puerta de salida en tiempos difíciles.

Los empresarios PyMEs italianos fabrican sus productos con sus ojos mirando a las naciones que integran la Comunidad Econó-mica Europea, donde se coloca 45 por ciento de sus exportaciones. Le siguen en importancia Medio Oriente (30 por ciento), Estados Unidos (10 por ciento) y América del sur, y países del Este Europeo (10 por ciento). Para lograr éxito ante un mercado tan vasto, pero marcado por las diferentes culturas y de tradiciones nacionales, necesitan productos capaces de adaptarse a esas diferencias. En la época de la globalización, con la pérdida de soberanía sobre algunos elementos del intercambio externo, la cuestión de las normas técnicas y de higiene es utilizada como un instrumento proteccionista.



Te puede interesar