El Foro de Davos consagró a un Lula ausente como "estadista global"

Economía

Ausente por un problema de salud, el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva fue de todos modos consagrado por el Foro de Davos como su "estadista global", por el balance de una gestión que concilió crecimiento económico y justicia social y destrozó los prejuicios de la elite mundial.

"Por primera vez en su historia este Foro quiere honrar a un extraordinario hombre de Estado entregándole un premio al 'estadista global'", anunció en la tribuna principal de Davos el profesor Klaus Schwab, ideólogo del Foro Económico Mundial (WEF), una fundación que siempre ha defendido las tendencias más liberales en materia de finanzas y economía.

"El presidente Lula quería venir absolutamente. Estaba sentado en su avión cuando su doctor puso un veto porque estaba sufriendo de presión alta (...)", continuó, al referirse a la ausencia del presidente brasileño, quien debió cancelar su viaje a Davos a último momento.

La visita de Lula, que llegó a Davos por primera vez en 2003, era la última que debía realizar como jefe de Estado al Foro, dado que su mandato concluye dentro de once meses y la Constitución brasileña le impide ejercer un tercer mandato consecutivo.

Ante la ausencia de Lula, fue su canciller Celso Amorim el encargado de representarlo y dar a conocer el discurso preparado por el presidente, rompiendo una regla de oro de Davos que impide que una tercera persona lea lo escrito por otra.

"Este premio aumenta mi responsabilidad como gobernante y la de mi país como un actor más activo y presente en el escenario internacional", dijo Lula según el discurso leído por su canciller.

Lula no dejó pasar la oportunidad de recordar su primera visita a Davos, cuando "el mundo temía del futuro de Brasil, porque no sabía el rumbo exacto que nuestro país tomaría bajo el liderazgo de un operario sin diploma universitario y nacido políticamente en el seno de la izquierda sindical".

"Siete años después puedo mirar a los ojos a cada uno de ustedes, y más que eso a los ojos de mi pueblo, y decirles que Brasil, con todas sus dificultades, cumplió con su parte", afirmó, enumerando los logros de su gestión.

Entre ellos mencionó los 31 millones de brasileños que entraron en la clase media, los 10 millones que salieron de la pobreza, el pago de toda la deuda externa, la multiplicación de las reservas en divisas extranjeras, la disminución de las agresiones del medio ambiente.

Pero en su discurso, Lula no se refirió solo al pasado, sino que volvió a insistir con la necesidad de una mejor distribución de la riqueza: "¿Por qué no jugamos un juego en el que todos puedan ganar, aunque sea en cantidades diferentes?", le preguntó a los grandes empresarios y líderes reunidos en la selecta estación de esquí del este de Suiza.

"¿Cuántos Haitís serán necesarios para que dejemos de buscar remedios paliativos y soluciones improvisadas?", interrogó, tras el sismo del pasado 12 de enero que dejó 170.000 muertos en el país caribeño, uno de los más pobres del mundo.

De la mano de Lula, Brasil ha registrado altos niveles de crecimiento en la pasada década y ha sido uno de los países que mejor ha resistido a la crisis económica, al ser uno de las últimas naciones en verse afectada por sus consecuencias y una de las primeras en salir de ella.

A este éxito económico, Lula puede agregar la influencia a nivel internacional que ha logrado para su país, y que le ha permitido hacerse un lugar en la mesa de las grandes potencias mundiales en el G20 o en negociaciones como la de Ronda de Doha de la OMC y la del cambio climático.

Lula ha intentado durante estos años acercar a Davos y su contracara, el Foro de Porto Alegre anti-globalización, lo que le ha valido muchas críticas.

Fue el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, el encargado de entregar el premio en nombre del consejo directivo de la fundación Foro Económico Mundial.

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