El impacto socioeconómico de la energía eólica

Economía

Está claro que la transición energética hacia las fuentes de energía limpia genera un impacto positivo al medio ambiente, pero ¿cuál es el impacto social y económico que trae la instalación de energía eólica en la sociedad?

Las energías renovables se están instalando cada vez más en los diferentes países y generan círculos virtuosos con cada proyecto que finaliza. Solamente en Argentina hay más de 5.121 MW de potencia instalada en energías limpias, de los cuales 3.292 MW corresponden a la industria eólica.

Sin ir más lejos, en octubre de 2021 se logró el récord histórico de energía renovable dentro de la matriz energética, cubriendo casi un 30% de la demanda energética. Esto demuestra que la industria eólica está preparada para continuar creciendo y, a su vez, permite mejorar la calidad de vida de las comunidades donde se instalan y de los países en general.

Es importante mencionar que la industria eólica tiene diversos beneficios y los recursos que se movilizan en un proyecto son incontables. Al ser de gran escala, conllevan múltiples etapas y varios años desde la fase de proyección hasta llegar a ser productivos.

Por ejemplo, en las fases de desarrollo, construcción y operación, se requiere de recursos humanos directos que incentivan la demanda de servicios, alojamiento, alimentos y la distribución de materiales a nivel regional, generando consumo e ingresos dentro de las mismas comunidades donde se instalan los proyectos.

Además, recientes estudios han demostrado que la industria eólica generó durante 2021 un ahorro de divisas de u$s800 millones, lo que fue clave para sustituir importaciones de gas y desarrollar capacidades productivas. En definitiva, incluir las energías renovables en la matriz durante los últimos años ha permitido también garantizar la seguridad energética incluso durante la peor sequía de la última década.

Asimismo, es fundamental destacar la generación de empleos verdes que genera la misma industria tanto en la construcción de los parques eólicos como en la fabricación local de piezas, partes y componentes de los aerogeneradores. En Argentina, considerando únicamente la fabricación local de las torres, el ensamblaje de nacelles y bujes, más componentes eléctricos suplementarios, se generan alrededor 2.300 empleos sustentables cada 1.000 MW adicionales de potencia. Estas cifras pueden aumentar en la medida que se alcancen etapas superiores de integración nacional de componentes y podrían crecer exponencialmente en escala contemplando la exportación de componentes a países de la región, como ha sido la de torres nacionales a Estados Unidos durante los últimos años, por ejemplo.

En vías hacia un futuro con mayor penetración de energías limpias, si la industria eólica sigue creciendo a estos niveles, según un informe de la consultora KPMG, podría suministrar hasta alrededor del 34% de la demanda mundial de electricidad hacia el año 2040. Esto representa 14.000 TWh, equivalente a la generación eléctrica total en China, Europa y Estados Unidos actualmente.

Además, podría suponer alrededor del 23% de las reducciones de emisiones de carbono necesarias para 2050: 5.600 millones de toneladas de CO2, número que representa las emisiones anuales de las 80 ciudades más contaminadas del mundo, en las que habitan alrededor de 720 millones de personas. Incluso, la inversión en tecnologías limpias se duplicaría en los próximos años de cara a 2040 con respecto a los niveles actuales. De esa forma, la industria eólica pasaría de una inversión anual de u$s110.000 millones a u$s200.000 millones.

Sin embargo, para que todo esto suceda es necesaria la inversión, el financiamiento, la construcción y las apuestas a futuro para que el impacto socioeconómico crezca exponencialmente a la par de la industria de energías renovables. La transición energética es el único camino que tenemos disponible para torcer el rumbo de la crisis ambiental que nos encontramos viviendo y es fundamental actuar pronto.

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