Cuando acabamos de marcar la rueda de menor volumen en lo que va del año (apenas-1.200 millones de papeles en el NYSE y 1.400 millones en el NASDAQ), ¿qué es lo que podemos comentar de cierto, más allá de resaltar el escaso interés de los inversores por lo bursátil? Hay quien culpa por la evidente falta de entusiasmo de la víspera a los malos resultados que anunció Ford al cierre del viernes.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero lo cierto es que, teniendo en mente que los deprimentes números que hace un mes adelantó GM, la escalada del petróleo (ayer se frenó la baja de la semana anterior al trepar el crudo a u$s 53,71 por barril) con su consiguiente efecto sobre quienes fabrican vehículos "tragones" (por ejemplo, el Pirius de Toyota, un auto híbrido a gas, se vende en la calle por encima de su valor de lista), y la incipiente restricción crediticia que se está notando en el mercado (si bien no tanto como GM, Ford es uno de los mayores tomadores privados de crédito en el mundo; la calificación de su deuda ha caído un nivel por encima de la de GM, que está sólo a un paso de considerarse "chatarra") eran todos datos conocidos, que el sesgo del mercado poco antes de arrancar -y durante los primeros 20 minutos- fue claramente alcista, que el S&P 500 -donde gravita Ford- cerró sin cambios mientras lo peor le tocó al NASDAQ que, de la mano de las empresas de información y Hardware de computadoras -fue un mal día para Apple e IBM-, perdió 0,36% (el Dow bajó 0,12% a 10.448,56 puntos), resulta difícil aceptar la idea de que Ford fuera la culpable de todos los males.
Dejá tu comentario