12 de octubre 2004 - 00:00

El Nobel de Economía fue para estudiosos de caso argentino

El noruego Finn Kydland y el norteamericano Edward C. Prescott, los ganadores del premio Nobel de Economía estudiaron el caso argentino.
El noruego Finn Kydland y el norteamericano Edward C. Prescott, los ganadores del premio Nobel de Economía estudiaron el caso argentino.
Estocolmo - El noruego Finn Kydland y el estadounidense Edward Prescott ganaron el premio Nobel de Economía 2004, por su análisis de cómo se define la política económica y qué determina los ciclos económicos.

«Su trabajo no sólo ha transformado la investigación económica sino que ha influenciado profundamente en la práctica de la política económica en general, y en la política monetaria en particular», dijo la Real Academia Sueca de Ciencias en su anuncio.

Su investigación ha « transformado la teoría de los ciclos económicos al integrarla con la teoría del crecimiento económico».

Ambos economistas investigaron la economía argentina ya que la tomaron como referencia para lo que denominaron «el análisis de la inconsistencia temporal», su trabajo sobresaliente de 1977. La Argentina fue un buen ejemplo para ellos, lamentablemente, porque la expusieron como un referente de la inseguridad jurídica y la falta de inversión, dos males que hoy están instalados como nunca en el país.

Para estos economistas, las reglas del juego estables son clave y llegan al extremo de poner un antipático ejemplo: la ley de patentes, que reconocen que produce monopolios, pero si no rigiera una ley que protegiera sus inventos, éstos no existirían porque el sector privado no invertiría en investigación. Para los economistas es preferible una legislación que introduzca imperfecciones en la economía a una ausencia absoluta de reglas.

• Sistema

Muchos economistas, al analizar la convertibilidad en la Argentina, utilizaron esta teoría donde se justificaba el sistema porque «las reglas o tecnología de compromiso tienen un rol determinante en la efectividad de aquellas acciones de política cuya implementación se extiende en el tiempo. Un sistema de reglas, al garantizar que el gobierno no sorprenderá a los agentes económicos modificando inesperadamente su política, permite alcanzar resultados superiores a aquellos que se obtienen bajo un régimendiscrecional».

El trabajo de 1977 sobre «el problema de la coherencia en el tiempo» mostró que las autoridades tienden a abandonar las metas a largo plazo para obtener beneficios a más corto plazo, por ejemplo, comenzando por mantener los precios estables, pero después fomentando la inflación para reducir la deuda.

Su trabajo contribuyó a cambiar el enfoque en el diseño de políticas hacia las instituciones en lugar de hacia medidas aisladas.

En 1982, Kydland y Prescott
crearon un modelo que mostró que los impactos por el lado de la oferta, como el de la tecnología, son una fuerza determinante del ciclo económico, en lugar de las variaciones solamente por el lado de la demanda.

«Aunque investigaciones anteriores habían puesto el énfasis en los impactos macroeconómicos por el lado de la demanda de la economía, Kydland y Prescott demostraron que los impactos por el lado de la oferta pueden tener efectos de largo alcance»,
indicó la Academia.

• Pedido

Kydland, quien es profesor de Carnegie Mellon University y de University of California, y Prescott, quien trabaja en Arizona State University y es asesor del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, compartiránel premio de 10 millonesde coronas suecas (1,36 millón de dólares).

Kydland pidió ayer a los gobiernos del mundo
garantizar la autonomía de los bancos centrales y criticó la falta de independencia de las autoridades monetarias en América latina. ¿El reciente cambio de autoridades en el Banco Central de la Argentina donde se reemplazó a Alfonso Prat-Gay por Martín Redrado, había estado presente en esta opinión?

• Trabajos

Kydland se enteró del premio mientras dictaba una conferencia como invitado en la Escuela Noruega de Economía y Administración de Empresas en Bergen, en el oeste del país.

En sus trabajos, Kydland y Prescott sentaron las bases para bancos centrales más independientes para explicar los ciclos económicos.

Finn E. Kydland
, de 60 años, obtuvo su doctorado de economía en 1973 en la Carnegie Mellon University de Pittsburgh (Estados Unidos), donde actualmente es profesor, así como en la Universidad de California, en Santa Barbara.

Edward C. Prescott
, de 63 años, también egresó de la Carnegie Mellon University. Hoy es profesor de la Universidad estatal de Arizona y consejero del Banco de Reserva Federal de Minneapolis.

La Reserva Federal de Estados Unidos es «bastante independiente», opinó Kydland. Pero
«en los países latinoamericanos la política monetaria no es para nada creíble», debido a la falta de independencia de los bancos centrales, indicó. Kydland, está trabajando en proyectos de investigación sobre las políticas monetarias de Irlanda y la Argentina.

Kydland es coautor de un artículo sobre la
«Década perdida de la Argentina y su recuperación: fracasos y éxitos del modelo de crecimiento neoclásico», publicado en 2003 por el Banco de la Reserva Federal de Dallas (Texas). En un trabajo que comparte con el español Zarázaga dice que en los '90 faltó acumulación de capital en la Argentina. También reconocen que en esos años hubo una severa crisis del crédito mundial y un colapso de los precios de los productos de exportación de la Argentina.

Hasta los años '70, la herencia de Keynes y las teorías surgidas de la Gran Depresión habían marcado la investigación sobre los ciclos económicos y las políticas de estabilización.

• Fluctuaciones

Los economistas observaban las fluctuaciones como consecuencia, ante todo, de los oscilaciones de la demanda, por ejemplo en lo referente a las inversiones de empresas o el consumo de las familias.

Posteriormente resultó evidente que los bruscos cambios en la oferta, como el alza de los precios del petróleo en 1973 y 1975, así como el descenso de la productividad, también tenían un fuerte impacto en los ciclos económicos.

A partir de 1977, Kydland y Prescott demostraron que los responsables económicos que no podían fijar y respetar de antemano una política definida estaban condenados a aplicar una política inflacionista, pese a haber deseado lo contrario.

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