El país pierde más al no pagar
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Por lo tanto, será necesario que la Argentina revea su posición y pague si realmente quiere firmar un acuerdo y evitar el default. Además, este gobierno o el próximo tendrán que hacerlo y como veremos resulta más barato pagar que no pagar.
• Acumulación
Efectivamente, no pagar los vencimientos de capital lleva a una acumulación de atrasos geométrica que hace que resulte cada vez más difícil revertir la decisión. Si la decisión de no pagar se mantiene, cuando el nuevo presidente electo asuma el 25 de mayo de 2003 (suponiendo que se cumple el cronograma electoral), la acumulación de atrasos sería de unos u$s 7.400 M, lo que dejaría al BCRA con un stock mínimo de reservas. Como es necesario pagar para volver a obtener ayuda, entonces es lo mismo ir pagando que desembolsar todo junto más adelante. La fecha límite para que la situación no se torne irreversible es el 17 de enero, cuando vence la prórroga de un año otorgada por el FMI para el vencimiento de u$s 985 M de la Facilidad de Reservas Suplementarias («Supplemental Reserve Facility»). Porque si la Argentina no paga ese vencimiento, en términos prácticos, el diálogo con el FMI se corta y a partir de ahí no habrá más renovaciones ni postergaciones de pago. La Argentina no recibiría entonces el beneficio de la refinanciación automática del último vencimiento de dicha línea que opera en marzo, tal como sucedió con otros vencimientos este año. Pero ese vencimiento es de nada menos que u$s 2.800 M. Aquí está la raíz del argumento de por qué conviene pagar. Esos u$s 2.800 M pueden ser refinanciados automáticamente si la Argentina estuviese pagan-do en regla, mientras que se acumularían como atrasos si no lo hace.
Es decir, la Argentina perdería mucho menos reservas si paga que si no lo hace, porque pagando podría obtener el «roll-over» de todo aquello que es refinanciable y porque puede obtener nuevo financiamiento del Banco Mundial (habría disponibles unos u$s 600 M) y del BID (unos u$s 400 M ahora y tal vez más el año próximo).
Pero las consecuencias de no pagar no se limitan sólo a las negociaciones trabadas y a una herencia casi insoportable para el próximo gobierno. Un potencial default con los organismos tendría graves consecuencias sobre la situación económica y social actual (sobre todo la de los más humildes) y sobre el potencial de crecimiento de la Argentina y, por ende, sobre el bien-estar de todas las generaciones futuras.
En primer lugar, la Argentina habría renunciado a la única fuente de financiamiento externo que potencialmente le queda disponible. Tanto el Banco Mundial como el BID se han manifestado públicamente preocupados por la situación social de la Argentina y han comprometido ayuda humanitaria al país, la cual nunca llegaría en el caso de persistir la actitud de no pagar. Además, resulta posible que otras líneas privadas de financiamiento externo para exportaciones se caigan, lo que tendría consecuencias muy negativas sobre uno de los sectores que más ha cola-borado para morigerar el impacto de la crisis en materia de nivel de actividad, recaudación y empleo.
Por su parte, la disponibilidad de financiamiento de parte de los organismos internacionales constituye un elemento determinante a la hora de encarar la renegociación de la deuda pública en manos privadas. Sin su «paraguas», el último sistema internacional de incentivos financieros que le queda, será muy difícil sentarse a negociar un arreglo ya que la Argentina no estará en condiciones de realizar ningún pago inicial sobre el stock de atrasos, que en materia de capital e intereses será del orden de los u$s 10.000 M a mediados de 2003.
Por último, pero no menos importante, en el caso de que la Argentina decida no honrar sus compromisos con los organismos multilaterales, habrá dado una muestra más, casi irreversible, de lo poco que le importa respetar el orden institucional y formar parte del mundo. La situación no resiste el menor análisis. Ningún país puede aspirar al crecimiento económico y al bien-estar de su población sobre la base del aislamiento, mucho menos cuando no es racional aislarse y se depende del ahorro externo para financiar el crecimiento interno.
Nadie en su sano juicio puede avalar, siquiera desde el silencio, semejante irresponsabilidad. La Argentina todavía está a tiempo de no caer en uno de los peores errores de su historia. Tic, tac, tic, tac... el reloj sigue corriendo.


