El peso se apreció ya hasta un 30% con respecto a monedas de la región

Economía

La inflación tiene diversos efectos negativos sobre la economía y uno de ellos es la apreciación cambiaria: más allá de lo que marquen la nominalidad de las pizarras, a medida que los precios de la economía doméstica aumentan el peso pierde las ventajas competitivas que ganó, por las malas, a partir de las devaluaciones. Eso viene sucediendo al comparar el recorrido de la moneda local con las de los vecinos, aunque distinto es el panorama si se hace doble click en los otros grandes socios comerciales de la Argentina.

Al observar el índice del INDEC denominado Intercambio Comercial Argentino se puede ver que en 2019 los países con los que hubo mayor compraventa de bienes fueron Brasil, China, Estados Unidos, Alemania, Chile, Vietnam e India. El vaso medio lleno podría ser que con el único de ellos con el que se perdió rentabilidad cambiaria de manera contundente en lo que va del año fue con Brasil. Lo negativo y más saliente es que se trata del principal destino de las exportaciones argentinas y, además, un competidor por mercados internacionales.

El peso se apreció un 29,4% frente al real durante 2020, según el índice de tipo de cambio real bilateral que desarrolla el Banco Central. Y esto es principalmente preocupante para las manufacturas de origen industrial que van hacia ese país. Puntualmente, el sector automotriz es altamente dependiente de las ventas hacia allí.

“Nuestras exportaciones a Brasil caen al triple de velocidad que las exportaciones del resto del mundo a Brasil”, señaló días atrás el economista Martín Polo en una entrevista radial a CNN.

Con respecto a China, segundo socio comercial, el análisis es mixto. De hecho, el peso se depreció levemente ante el yuan (0,85%) desde el 31 de diciembre de 2019. Sin embargo, la pérdida de rentabilidad, aquí, está dada por otras cuestiones. Al respecto, el director de la consultora Ledesma, Gabriel Caamaño, indicó: “A China exportamos productos primarios, principalmente granos de soja. Entonces, si vos mirás el tipo de cambio real de la soja, te das cuenta que perdió terreno por lo que cayó el precio internacional y por la suba de los derechos de exportación”. Vale aclarar, la soja valía u$s360 el 31 de diciembre y el viernes cerró en u$s310,31, una caída en el precio del 13,8%.

Al margen de estos factores, el año pasado la Argentina había importado desde el gigante asiático más de lo que exportó (déficit comercial de u$s2.209 millones). Con respecto a Estados Unidos (tercer socio comercial de la Argentina en 2019, con balanza deficitaria para nuestro país), el peso también se hizo más competitivo aunque de manera casi imperceptible (1,1%). Por otra parte, al comparar nuestra moneda con el euro (Alemania fue el cuarto socio comercial el año pasado) sí se puede observar una leve apreciación del peso (1,13% en lo que va del año).

El quinto socio comercial de Argentina fue Chile y, frente a la moneda trasandina, el peso se apreció alrededor de un 5,5%. Más allá de la cifra, hay un dato que enciende la luz amarilla: se trata de país con el cual hubo mayor saldo a favor en la balanza anual pasada: u$s2.521 millones. Por tanto, en caso que el Covid-19 siga erosionando a la moneda chilena y el peso argentino siga anclado, se pone en riesgo buena parte del superávit externo.

En cuanto a Vietnam, segundo país frente al cual el saldo positivo fue mayor (u$s2.149 millones) el peso se mantuvo prácticamente en equilibrio en estos cuatro meses y medio. En las transacciones con este país asiático juega un factor similar al que mencionó antes Caamaño: los exportadores pueden verse debilitadas a raíz de lo que sucede con los precios internacionales de productos primarios y con las retenciones.

Por último, se puede ver el caso de India: el peso se apreció poco menos del 4% frente a la rupia este año. También aquí se trata de una nación frente a la que hubo un saldo transaccional positivo suculento: entre compras y ventas, la Argentina finalizó el año pasado con u$s1.351 millones a favor.

Respecto de la pérdida de competitividad en materia de comercio exterior a partir de la baja de precios internacionales, la soja no es la única excepción: el valor del maíz, segundo cereal que más exporta la Argentina, cayó más de un 20% en el año, a lo que se suma una menor producción. También cayeron derivados de la la soja: como el aceite y el pellet.

Respecto de las exportaciones en general, el director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, destacó: “El principal problema del tipo de cambio en la Argentina de hoy es el desdoblamiento, con una brecha enorme, que hace que el exportador tenga costos en dólares de mercado, porque la inflación actual o la potencial que viene, tiene más que ver con el tipo de cambio libre en cualquiera de sus variantes. A la vez, cuando exporta, cobra a dólar oficial menos retenciones”.

El especialista en comercio internacional, añadió: “Además, ese dólar que cobra el exportador, al que hay que restarle los derechos de exportación, está quedando muy rezagado con respecto de nuestros vecinos competidores, especialmente Brasil. Por lo que yo veo un problema de atraso cambiario en general”.

Por su parte, Caamaño agregó: “Vos podés tener el tipo de cambio nominal frenado, pero el tipo de cambio real se va a apreciar. El tema es a qué velocidad: no es lo mismo si tenés equilibrio fiscal, que si tenés desequilibrio financiado con inflación. En este último caso, la apreciación es mucho más rápida”.

Más allá de las comparaciones cambiarias, Caamaño, al igual que Elizondo, se refirió al problema que genera la brecha: “El productor de transables, si ve esa brecha como un elemento más dentro de la expectativa de ajuste del tipo de cambio oficial, lo que va a hacer es no vender. Va a aumentar su coeficiente de retención. Y el productor que utiliza insumos importados lo que va a hacer es adelantar compras. Si bien es cierto que los precios se fijan al oficial, la brecha impacta en las expectativas”.

Juan Pablo Álvarez

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