No hay mejor escenario bursátil que cuando el mercado actúa en un régimen de negocios que resulta -al menos- razonable y cuando el cruce de las fuerzas va dando los matices cambiantes de una «pulseada» de oferta libre, lo más parecido -sin dudas- a un planteo de «competencia perfecta», que es utópico, pero que tiene a la Bolsa como su exponente más cercano posible. La de ayer, más allá de premios y castigos, de ganadores y perdedores del intradiario, lejos de la opinión que venga del bolsillo de los intervinientes, resultó de las ruedas más divertidas de estas semanas, posiblemente del año. Porque la realización de $ 60 millones de efectivo, sólo en acciones, cinco veces más que los CEDEAR, y el resultado de sólo 0,44% de aumento en el índice ponderado imponen una presencia poderosa de la parte vendedora, enfrentada por filas compradoras de una energía casi similar. Y de allí se armó el gran baile...
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Cambiante, según los pasajes de predominio alternado, el indicador navegó bajo las aguas, con esfuerzos alcanzó la superficie y las fuerzas defensoras se negaron a entregar la bandera de los 800 puntos fácilmente. Los otros se pusieron firmes en no dejarla atravesar y, como si hubiera existido un mercado «programado», con órdenes automáticas y la cláusula gatillo para disparar en ambos objetivos. Con $ 60 millones y casi neutra. Si no hay contracción vendedora, la ortodoxia dice que deberán desagiar los precios.
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